La deforestación en la Amazonia es una de las mayores tragedias ambientales de Colombia. Viajamos al resguardo indígena Puerto Zábalo Los Monos, ubicado allí, y nos encontramos con un perverso “sistema de endeude” que llevó a los indígenas uitoto a entregar su bosque.
Los madereros pagan 2.000 pesos por bloque. Cada bloque mide unos tres metros de largo por 30 centímetros de ancho. Y de cada árbol, en promedio, pueden salir unos 30 bloques (claro, dependiendo del tamaño pueden ser 15 o hasta 50).
Eso significa que para pagar una deuda de 400.000 pesos hay que reunir 200 bloques, y para reunir esos bloques hay que tumbar unos siete árboles primarios -o nativos o vírgenes- que pueden tener hasta 300 años.
Pero además hay que tener en cuenta que el crédito nunca se cierra. La deuda sigue creciendo y creciendo porque cada vez que vuelve el “barco tienda”, al indígena se le ha acabado el jabón o la harina o el aceite. Lo básico. Entonces el comerciante vuelve y le fía, y el indígena vuelve a quedar con el compromiso de “señalarle” más árboles.
Los uitoto saben que hoy más que nunca es necesaria una “purificación del ambiente” porque perdieron el control de su selva. “Con la tala se pueden alborotar las pestes y las enfermedades -dice Constantino Nonocudo, el médico tradicional de Puerto Berlín-. Cuando se tumba un árbol uno está abusando. Ahí es cuando se revela la naturaleza”.
Esta historia hace parte de Infoamazonia, una alianza periodística entre Amazon Conservation Team, Dejusticia y El Espectador. Amplíe esta historia en los mapas interactivos de colombia.infoamazonia.org.
Origen: Comida por árboles: la deforestación en el medio río Caquetá | El Espectador