Colombia se fue a dormir con una noticia que rompió la calculadora de cualquier economista ortodoxo. El Presidente Gustavo Petro, ante la falta de acuerdo en la mesa de concertación, firmó el Decreto 1469 del 29 de diciembre de 2025, fijando el ingreso mínimo para 2026 en $2.000.000 de pesos. Parece que se va a caer el cielo de la economía con tal atrevimiento, pero la evidencia global de los últimos 20 años dice todo lo contrario.
No estamos hablando de un ajuste tímido. Al sumar el salario base ($1.750.905) y el auxilio de transporte ($249.095), estamos frente a un incremento total cercano al 23%.
Para ponerlo en perspectiva: con una inflación causada del 5,30% y una productividad del 0,91% , la «regla técnica» sugería un aumento del 6,2%. El Gobierno ha decretado un aumento que casi cuadruplica la inflación.
Como era previsible, los gremios han reaccionado con pánico. Jaime Alberto Cabal, de Fenalco, calificó la medida de «populismo barato» e «irresponsable», advirtiendo una catástrofe de desempleo e informalidad. La teoría clásica les da la razón: si subes el precio de algo (trabajo), la demanda (empleo) debería caer.
Pero en Ideas de Doble Filo no nos conformamos con la teoría de pizarrón. Preferimos cortar la retórica con el filo de la evidencia empírica. Y la realidad es que, en lo que va del siglo XXI, el mundo se ha convertido en un laboratorio de aumentos salariales agresivos que no terminaron en desastre.
Hoy, miramos a los ojos al miedo para entender por qué este «salto al vacío» podría tener un aterrizaje mucho más suave de lo que nos dicen.
Filo 1: El Laboratorio Global (Cuando la realidad mata al dogma)
Mientras en Colombia nos rasgamos las vestiduras, otros países ya hicieron experimentos similares. La evidencia acumulada en la última década sugiere que la relación mecánica «más salario = más inflación/desempleo» es, en el mejor de los casos, débil; y en el peor, falsa.
1. Chile (2022-2024): El espejo más cercano
El caso chileno es vital para nosotros. El gobierno de Gabriel Boric se propuso llevar el salario mínimo a $500.000 pesos chilenos (un aumento nominal de más del 40% en dos años).
- El Miedo: Se dijo que las PyMEs quebrarían y la inflación (que estaba alta) se dispararía.
- La Realidad: Chile alcanzó la meta de los $500.000 en julio de 2024. ¿Y la inflación? Lejos de explotar, ha convergido hacia la meta del 3% del Banco Central para 2026.
- La Lección para Colombia: Chile implementó un subsidio temporal a las MiPymes para ayudarlas a pagar el aumento. El Estado absorbió parte del choque de costos, protegiendo el empleo mientras aumentaba el poder adquisitivo. Si el Gobierno Petro quiere que esto funcione, debe mirar este mecanismo de «suavizado» chileno.
2. España (2019): El Shock del 22%
España, con una estructura de desempleo y PyMEs similar a la nuestra, subió su Salario Mínimo Interprofesional (SMI) un 22,3% de un solo golpe en 2019.
- La Realidad: El Banco de España predijo destrucción masiva de empleo. No ocurrió. La inflación cayó del 1,7% al 0,7% ese año. Un estudio reciente con big data bancario demostró que el aumento del consumo en los hogares pobres compensó los costos laborales, sosteniendo la demanda agregada.
3. México (2019-2024): Doble o Nada
México realizó el experimento más radical: duplicó (100% de aumento) el salario mínimo en la Zona Libre de la Frontera Norte en 2019, mientras el resto del país subía un 16%.
- La Realidad: Al comparar ciudades gemelas (dentro y fuera de la zona), la inflación fue idéntica. Las empresas no trasladaron el costo a precios; lo absorbieron reduciendo márgenes de ganancia que eran excesivamente altos debido al poder de monopsonio (un solo comprador de trabajo).
4. Alemania (2015): La locomotora no se detuvo
Cuando Alemania introdujo su primer salario mínimo nacional, el Instituto IFO pronosticó 900.000 despidos.
- La Realidad: El empleo siguió creciendo. Lo que ocurrió fue una «reasignación de eficiencia»: los trabajadores se movieron de empresas improductivas a otras más eficientes capaces de pagar mejores sueldos. El salario mínimo actuó como un filtro darwiniano que modernizó la economía.
Filo 2: ¿Quién paga la cuenta? (Los Canales de Absorción)
Si los costos suben un 23% en Colombia, ¿por qué no suben los precios un 23%? La respuesta técnica está en los «Canales de Absorción». Las empresas no son pasivas; tienen colchones.
- El Colchón de las Utilidades (Profit Compression): Esta es la verdad incómoda. En Colombia, muchos sectores operan con márgenes de ganancia oligopólicos. La Superintendencia Financiera reportó que el sistema financiero acumuló ganancias cercanas a los $100 billones a corte de octubre de 2024. Hay caja. El decreto de Petro no es solo una política salarial; es una política redistributiva. Obliga a transferir una parte de esas utilidades del capital al trabajo. Como vimos en el Reino Unido con el National Living Wage, las empresas absorbieron los costos reduciendo beneficios, no despidiendo.
- El Canal de la Eficiencia (Efficiency Wages): Pagar mal es caro. La alta rotación de personal cuesta dinero en entrenamiento y reclutamiento. Al subir el salario a $2 millones, el trabajador valora más su puesto (costo de oportunidad del despido aumenta). Esto eleva la productividad natural y reduce costos operativos, un fenómeno documentado extensamente en la literatura de «salarios de eficiencia».
La Estrategia Oculta: Desindexación Total
El verdadero peligro técnico de este 23% no es que el trabajador gane más, sino que el arriendo, la multa de tránsito y la matrícula del colegio suban un 23%. Eso borraría el beneficio en enero.
Aquí es donde el Gobierno se juega la vida: la Desindexación. Ya se han desligado cerca de 188 cobros del salario mínimo, atándolos a la UVT (que sube con la inflación del 5,3%).
- El Reto: Si usted paga arriendo, la ley dice que sube con el IPC (5,3%), no con el salario mínimo. Pero el mercado informal intentará capturar esos $2 millones. La batalla del 2026 será controlar la especulación inmobiliaria y de servicios para que el aumento sea riqueza real y no espuma inflacionaria.
Conclusión: Un Experimento Necesario
El decreto de los $2.000.000 es una apuesta de altísimo riesgo político y económico. Es un shock de demanda keynesiano diseñado para reactivar una economía que crece al 3,6% pero que se siente estancada en la calle.
La evidencia de Chile, España, México y Alemania nos enseña que el miedo empresarial suele ser exagerado. Las economías son plásticas; se adaptan. Las empresas encontrarán formas de ser más productivas para pagar la nómina antes de cerrar.
Para 2026, Colombia entra en territorio desconocido. Pero quizás, solo quizás, era hora de dejar de administrar pobreza con aumentos del 6% y atreverse a probar si la dignidad salarial es, como sugiere la historia reciente, el mejor motor del desarrollo.
El cheque ya está firmado. Ahora veremos si el empresariado colombiano tiene la capacidad de innovación para pagarlo, o si admitirán que su rentabilidad dependía exclusivamente de la mano de obra barata.
