Gueto

Vivienda VIP en el paraíso: guetos mentales

El humano nace básico (instintivo y primario) no malo, pero tampoco bueno (el mito del buen salvaje) como lo creía Rosseau, y bien lo rebate el psicólogo Pinker en la actualidad; luego, la sociedad es su producto, como la vemos y la cualificamos ¿un asco?. Entonces, la educación es su constructo para salir de ahí, de ese limbo; se espera que al mejorar por nuestra educación, a partir de las mejores ideas y correcto pensamiento, corregimos, mejoramos, y con nosotros la sociedad.

En ese sentido, la de las viviendas de interés prioritario (VIP) en barrios de «ricos», por ahora, es una propuesta de re-ingeniería social, en la que el primer obstáculo a vencer es cómo se pueden derribar barreras, guetos, mentales; luego con un pensamiento complejo, digno de una alta educación, cómo se solucionan los problemas técnicos, de entorno y de adaptación. Ese es el proceso social que se espera de una propuesta que busca una respuesta colectiva ante la segregación.

Lo triste, y cuestionable, es que las pruebas más fáciles, teóricamente, son las que solo implican la voluntad de pensamiento, y ya ahí, los más educados, los privilegiados, mostraron incapacidad de transformación, mentalmente para empezar, y ejecución del cambio, el cambio que dicen querer. Sigue leyendo

Currículo ante la bipolaridad social, propuesta.

En el Mundial de fútbol lo vimos, lo acabamos de ver hace poco, durante el paro de transportadores, lo vemos en marchas de descontento, en los foros de lectores de los medios masivos, cada vez peor en las campañas electorales, en la calle a diario: pasamos del júbilo a la barbarie como esencia mental en un abrir y cerrar de ojos.

Hay que ver la agresividad y belicosidad de una campaña política, supuestamente de ideas, o la fiesta por una victoria deportiva, para entender por qué, aún después de tanto tiempo y tinta sobre el tema, las emociones -de toda naturaleza- nos llevan a la violencia. Desde accidentes ridículos hasta riñas que dejan muerte. Poco sentido común y mucha impulsividad.

Parece que confundimos el tamaño de la alegría y la fiesta con el desorden extremo y el escándalo que dejen éstas, y así, muchas veces, medimos la capacidad de Sigue leyendo