El gran economista austriaco Joseph Schumpeter no creía en la dictadura del proletariado ni en la revolución de Marx. Pensaba que lo que llevaría al capitalismo a su fin sería su propio éxito.
Aguiló cuenta que uno de los ejemplos que Schumpeter usó para explicar sus teorías fue el de las medias de mujer.
A principios del siglo XX, solamente las mujeres de clase alta las podían comprar. Pero, después de la Segunda Guerra Mundial se volvieron más accesibles para consumidoras de diferentes grupos sociales.
«El hacer algo accesible para todo el mundo lleva a que la mentalidad socialista poco a poco vaya introduciéndose por los poros del sistema capitalista y frenando su característica esencial que es la competencia entre productores», señala el profesor.
Al apaciguar la competencia y al querer la igualdad en el acceso a productos, «porque el capitalismo ha llevado a esa igualdad, el capitalismo llegará a su fin», pensaba el austriaco.
«El capitalismo es un sistema que productivamente no tiene parangón, es un sistema que a nivel productivo -vuelvo a usar a Marx- es el más progresivo de la historia pero que tiene el problema de que la acumulación incesante de capital lo lleva a competir también de manera incesante«.
«Esa competencia obliga a las empresas a tener una guerra constante por innovar, por obtener nuevos mercados, nuevos productos. Y ahí está el peligro».
Harry Landreth y David C. Colander en su libro «Historia del pensamiento económico» explican que «donde Marx había predicho que la decadencia del capitalismo procedería de sus contradicciones, Schumpeter especulaba que su fin sería producto de su propio éxito».
