Los murciélagos tienen una diversidad de especies tremenda: se conocen 1100 especies distintas de murciélagos, lo que representa el 20% del total de especies de mamíferos descritas hasta el momento. Con esa variedad no es extraño que exista una variedad igualmente importante de especies víricas asociadas a estos quirópteros. Sin embargo, hay algo más, algo “especial” en la relación que establecen muchos murciélagos con determinadas familias de virus, una de las cuales es la de los coronavirus.Pero no solo los coronavirus tipo SARS o MERS parecen tener una vinculación con los murciélagos. Otros muchos tipos (o familias) de virus también poseen predilección por estos quirópteros, verdadero “reservorio ancestral” de ramas enteras del árbol de los virus. Las múltiples especies de murciélagos son el hospedador preferido del principal “pool” de los paramyxovirus (familia a la que pertencen, entre otros, el virus del sarampión, o los más recientemente “emergidos” virus Hendra y Nipah), los Rhabdovirus (familia cuyo principal representante es el virus de la rabia, pero que engloba igualmente a los demás miembros del género Lyssavirus, que incluyen a los causantes de la “rabia de los murciélagos“, transmisible al hombre y muy virulenta), y los Filovirus (virus Ébola, Marburg y similares), entre otros. Incluso muy recientemente se han identificado virus tan típicamente aviares, como los Influenzavirus tipo A, en murciélagos, concretamente dos nuevos subtipos, H17N10 y H18N11.
Los mayas tenían muy presentes a los murciélagos en su cultura: adoraban a Zotz (murciélago) y llamaban así al cuarto mes de su calendario. Los vampiros aparecen en el Popol-vuh, el libro sagrado de los Mayas: Camazotz es una figura con forma de murciélago que guarda el inframundo. Los aztecas asociaban al murciélago (vampiro) con el culto a la muerte y el sacrificio humano. No está claro si en tiempos pre-hispánicos hubo rabia en América, aunque es probable que algún tipo de rabia, quizá asociada a murciélagos, estuviera presente.
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