Hay quienes dicen que la política no es muy importante más allá de elecciones. Vamos a ver. En Colombia hay 6 generaciones sociales de paisanos criados bajo tres aberraciones políticas consecutivas y sus legados, que han marcado su mentalidad y definido su cultura:
- Hegemonía Conservadora (atraso cultural y político).
- Estado de Sitio permanente (Estatuto de seguridad: persecución política, académica y social. Dictadura Constitucional bajo los lineamientos de la Carta de 1886).
- Uribismo (Reacción del fascismo rural y terrateniente, de sus bases sociales, a la nueva Constitución de 1991).
Gente de Bien
A partir de estos hechos políticos, hay por lo menos 5 aspectos en común que esos periodos han implementado como mentalidad y reforzado como cultura, a lo largo de los cerca de 80 años de gente creciendo en esta patria:
- Parroquialismo social y cultural (encierro y ensimismamiento regionalista y moral del colombiano en masa, miedo a la diferencia y al cambio, desconfianza a las transformaciones y avances, miopía de criterio, mejor malo conocido…).
- Silencio e indiferencia (ante la persecución y el atropello se opta por esto, y se normaliza como comportamiento aceptable, porque así se vive en paz y tranquilidad, enemigo peligroso el que alza la voz y objeta al status quo. La autoridad tiene voz y voto, quien no tiene poder no tiene autoridad. El debate es odioso y quien debate está maleducado, La arbitrariedad es sinónimo de fuerza, duélale al que le duela).
- Ignorancia (que no es solo pobre formación, sino desconocimiento de referentes sobre la existencia y sus experiencias, se considera que el mundo que se tiene tradicionalmente en la vida, lo familiar, es la regla y que cambiarlo es subversivo e irresponsable. La inteligencia es eso que da para tener un cartón y un puesto de trabajo, más allá de eso es innecesaria y problemática, sospechosa).
- Religiosidad incoherente (Todo se puede en la fe religiosa, desde ahí se explica lo bueno y lo malo, se acepta la represión y la ignorancia, se justifica la carencia y la inequidad, se califica al rebelde y al sometido, se exalta el sufrimiento por encima del bienestar, por ende se acepta la violencia como sacrificio del bueno y el silencio como cualidad del prudente).
- Arribismo y disonancia cognitiva (La diferencia social es normal hasta el punto de la inequidad, es deseable como mecanismo de afirmación de la autoridad y del mérito, un absurdo evidente cuando, por ejemplo, se exalta el nivel educativo como objetivo, pero se valora la posición social por capacidad de consumo y acumulación ante todo. Se vende la conquista de títulos universitarios como modelo, pero se desconoce e ignora al conocimiento académico y científico al tomar decisiones oficiales y sociales. Contradicción que se nutre y refuerza a su vez con el ascenso sociopolítico de la #narcoligarquía, en el que se corrompe toda institución con dinero mal habido y prácticas corruptas, pero se exige respeto por los fines y olvido de los medios para conseguirlos, destrozando así toda estabilidad moral).
Necesitaremos por lo menos 6 generaciones para superar este fardo mental y espiritual que nos han puesto en la espalda y el alma, que nos han cocido en el cerebro y los sentidos. Hay un despertar hoy, y ya leemos los ataques a este inicio de parte de muchos entes humanos criados y levantados con esos aspectos torcidos y malsanos, que hasta justifican dejar tuertos a nuestros jóvenes, masacrar a personas por protestar y respaldan la represión y el silencio como forma de orden y progreso.
La ignorancia y el arribismo serán difíciles de borrar de nuestra cultura y mentalidad. Hay que valorar este comienzo que hoy se vive, que nos tiene que doler a todos, de otra forma no habrá progreso real. Todo rompimiento, todo acto de crecimiento físico y espiritual duele, es natural, aunque muchos se revuelquen y lamenten por los tiempos que se van.