Colombia no está en ruinas: nos meten miedo para regresar a la ortodoxia y su modorra

Faltan dos semanas para el 7 de agosto y la maquinaria ya está encendida. José Manuel Restrepo, vicepresidente electo, habla de “herencia maldita” y de una “profunda destrucción institucional”. Abelardo de la Espriella lo resume con menos tecnocracia y más martillo: “el país que recibimos es un desastre”.

El libreto no es nuevo. Primero se declara la ruina. Luego se exige cirugía de choque. Después se presenta como inevitable el regreso al mismo modelo que Colombia ya probó durante décadas: disciplina fiscal para los de abajo, confianza inversionista para los de arriba, deuda externa como correa de dependencia, extractivismo como destino, austeridad como virtud moral y crecimiento mediocre como prueba de responsabilidad.

Ese es el truco. No están describiendo solamente una economía. Están preparando el terreno para desmontar una apuesta.

Y la apuesta que quieren desmontar merece ser defendida.

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