Desde que se firmó el decreto del salario mínimo en $2.000.000, los grupos de WhatsApp de empresarios pymes están en llamas. El pánico es palpable. «No me dan los números», «Voy a tener que despedir», «El Gobierno nos quiere quebrar».
Es comprensible. Cuando la caja está vacía, cualquier gasto adicional se siente como una sentencia de muerte. Pero hoy, en Ideas de Doble Filo, vamos a cortar la cortina de humo. Vamos a decir la verdad incómoda que los gremios grandes (Fenalco, ANDI) prefieren no gritar, porque ellos son parte del problema.

