Mientras en pasillos corporativos se celebran bonificaciones millonarias, a nivel global 266 millones de trabajadores siguen ganando menos del salario mínimo legal y otros 664 millones viven en pobreza laboral extrema, incapaces de cubrir sus necesidades básicas . Esta brecha no es sólo injusta: amenaza la estabilidad social, frena el crecimiento y erosiona la legitimidad misma de las empresas.
