Yo no soy Diomedes.

Eso de #Diomedízate no es conmigo. Diomedes Díaz: El claro oscuro de esta sociedad ‘macondiana’ que peca y se condena en el guayabo, se exculpa en la sobriedad, y se redime y purifica entre parranda y trago, al son y guión de su juglar devoto de la virgen del carmen.

En momentos en los que se hace el lanzamiento de la novela sobre el cantante de vallenato Diomedes Díaz, es oportuno precisar que la personalidad del ser humano y su vida son parte del artista, así que, también en parte, quien sigue la obra termina negociando con el autor a pesar de lo que es y aunque no esté de acuerdo con ello; no es un juicio, es un análisis, en el que además se entiende que quienes son encumbrados a la categoría de símbolos, héroes, ídolos, representan algo, profundo y arraigado, de quienes los han puesto ahí, así que Diomedes es solo un síntoma de la Colombia real, de la que sale y vota para perpetuar a sus verdugos sin sonrojo, de la que hace reinados sin mesura como «Miss Tanguita» mercadeando a sus niños a partir de valores primitivos y crudamente mundanos, pero asiste a misa, se sabe el Credo y el Padre Nuestro, por citar solo algunos de sus rasgos.

Así que de la novela sobre el «Cacique de la Junta», acerca del juglar del pueblo, solo se puede decir que es un homenaje comercial, un producto audiovisual, que como negocio buscará capitalizar el sentimiento puro, el regionalismo ramplón, el criollismo visceral, y el nacionalismo básico, crudo; y que apelará a la estupidez argumental para su defensa de potenciar a una figura tan discutible, esa que dice que a la gente hay que darle lo que quiere, y que tanta gente no puede estar equivocada.

Puede ser una exageración, pero como vamos, solo falta que RCN anuncie el próximo lanzamiento de una «serie» sobre la vida y pecados de Julio Garavito, convicto por violar a niños y asesinarlos, el mayor asesino en serie de la historia reciente de Colombia, y que su argumento sea que el país necesita conocer esta historia para que no se repita, para que no se produzcan más ‘garavitos’ en nuestra sociedad y porque la gente necesita saber cómo es pedófilo para identificarlo y denunciarlo.

Esperamos que, ojalá, pronto se anuncien telenovelas sobre Gabo, Jaime Garzón, Antonio Nariño, María Cano, Rodolfo Llinás, y un sinnúmero de colombianos que se merecen ser popularizados y homenajeados por mejores y más constructivos logros y legado.

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