10 años de abusos, en los que casi un billón de pesos de fondos públicos desde el Ministerio de Minas, municipios y ciudades capitales de la costa se perdieron porque no hubo inversión en redes ni modernización, con millones de personas pagando y subsidiando un servicio ineficiente, con racionamientos diarios, una década de engaños y burlas a los colombianos residentes y visitantes de la Costa Atlántica.
10 AÑOS. La radiografía de la operación de Electricaribe, un operador privado de un servicio público fundamental. Ahora, los abusivos españoles de Gas Natural Fenosa van a hacer lo posible por declararse víctimas, y además de haberse robado esa plata pública, no haber cumplido con las inversiones de su parte obligadas por la regulación y burlarse del país, demandarán al Estado colombiano para cobrar más plata por su ineptitud. Y no hablemos de las pérdidas de los ciudadanos por daños en electrodomésticos y cierre de negocios por no contar con el servicio.
Así las corporaciones aprovechan las privatizaciones mediocres que muchas veces se hacen en el país. Hace poco todo el país lo tuvo que padecer y pagar con las termoeléctricas, en donde los operadores chilenos y Colpatria se robaron parte de los casi $600 mil millones de pesos del cargo por confiabilidad que pagamos los colombianos durante años.
De nuevo, plata pública que los privados se robaron y que después tuvimos que reponer con el alza de tarifas de energía bajo la figura de consumo restringido o castigado. EPM estamos ahí es pública y puede ser la alternativa para la Costa. Así las cosas en la realidad, solo es que tantos loros sigan creyendo y repitiendo que las privatizaciones son la panacea.
Tiene que tener un apagón en la memoria y la razón quien sostenga eso como credo sin discusión.
Las privatizaciones como hoy están reguladas nos pueden dejar en manos de hampones de todo el mundo, que no responderán ante nadie, a quienes el Estado no enfrentará oportunamente, que luego de timarnos nos demandarán, y que desangrarán más al país luego de sacar sus ‘inversiones’ y castigarnos financieramente a través de las calificadoras internacionales.
Pasa en Colombia, pasa en Buenos Aires, pasa hasta en Londres. Es la dictadura de las corporaciones. Investiguen.