La idea de Duque de que Colombia sea Silicon Valley no es buena. Experto habla.

Semiconductor.

El presidente Iván Duque ha repetido una y otra vez su propósito de que Colombia se convierta en el Silicon Valley de Latinoamérica. Sin embargo, muchos expertos no solo catalogan su idea de difícil de conseguir en el mediano y hasta en el largo plazo, como lo han dicho emprendedores expertos en tecnología.

Ahora, incluso investigadores sobre innovación y negocios en centros de estudio de diferentes lugares dicen que no es buena idea, y menos si ese es el camino para impactar positiva y sostenidamente a una sociedad económica y socialmente.

Por ejemplo, aunque comúnmente se asocia la innovación con ese «momento eureka» de genialidad, Dan Breznitz ve las cosas de otra manera.

Para el académico y codirector del Laboratorio de Políticas de Innovación de la Universidad de Toronto, la innovación, entendida como la creación de un gran invento tecnológico, tiene poco que ver con las verdaderas fuerzas innovadoras que mueven la economía global.

Por eso, dice, no vale la pena tratar de copiar el modelo de Silicon Valley en otras partes del mundo.

Las olas de innovación cambian las cosas para mejor, pero eso no se produce en el momento mismo de la invención, se produce durante un proceso de continua actualización de la idea original.

Incluso desde un punto de vista filosófico, tener una idea, hacerla realidad y cambiar la realidad es lo que nos hace humanos.

¿Qué otros mitos existen en torno a la innovación?

En el largo plazo es mucho más importante entender la innovación como un proceso constante para mejorar algo, en vez de una invención en sí misma.El primer mito es creer que la innovación es algo deslumbrante. En realidad, la innovación no es algo que aparece en los periódicos.

El segundo es creer que la innovación de primera etapa; es decir, cuando la start-up crea un producto nuevo, traerá prosperidad a la comunidad donde se encuentra la empresa, generando nuevas industrias y nuevos trabajos.

Eso no es así. Como ahora la globalización ha fragmentado la innovación, lo único que ocurre en Silicon Valley, o en centros como ese, es que apenas se termina el diseño del producto, este es enviado a otra parte para su fabricación.Eso significa que todos los efectos secundarios positivos se trasladan a otro lugar.

Si crearas un Silicon Valley en Bogotá, por ejemplo, los únicos empleos que generarías serían trabajos para los especialistas top en investigación y desarrollo, para los encargados de marketing y finanzas, y quizás un par de empleos para dos o tres chef de celebridades y masajistas.

Ellos van a ganar salarios fabulosos y muchos tendrán la opción de comprar acciones —que son boletos de lotería—, pero la mayor parte de la gente que vive en la zona no verá muchos beneficios.

Al contrario, se darán cuenta que las cosas que quieren comprar y las casas del sector ahora son tan costosas que están fuera de su alcance.

Así ocurrió en San Francisco. El problema es que terminamos creando multimillonarios en vez de crear bienestar para toda la comunidad.

Por eso no hay que copiar el modelo de Silicon Valley, porque no busca producir nuevas tecnologías para cambiar el mundo.

Lo que busca es producir beneficios financieros en Wall Street, a través de una apertura a bolsa de la startup o simplemente porque alguien compra la firma.

Y volvemos a la misma pregunta: ¿qué pasa con esas ganancias?

Generaste una gran cantidad de dinero, que queda en manos de un 5% de la población.

¿Cómo lo lograron en Taipei?

En Taipei, Taiwán, lo han hecho magníficamente. Ellos entendieron que la industria de los semiconductores sería muy importante.

Querían ser innovadores y rápidamente se dieron cuenta de que tenían al menos dos alternativas: o convertirse en Silicon Valley y competir con Japón y Corea del Sur —creando gigantescas empresas como Samsung—, o desarrollar sus propias fortalezas.

Decidieron que su fortaleza estaría en la producción de semiconductores. Y luego crearon un sistema que les permitiría llegar a esa meta.

Esos son dos caminos distintos: Silicon Valley y Taipei.

Otro ejemplo de innovación es el mercado de los zapatos de mujer de lujo desarrollado en una región llamada riviera del Brenta, en Italia.

¿Cuáles son las mejores estrategias para convertirse en una ciudad o una región innovadora?

Yo lo pondría de otra manera. Si yo soy de Guadalajara o Bogotá, en vez de preguntarme cuál es la mejor manera de innovar, me lo plantearía de otra manera.

Me preguntaría: ¿cómo queremos que nuestra ciudad se vea en 10 o 15 años? Y me fijaría en cuál de las diferentes fases de innovación encajan nuestros planes.

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