
Tanto que hablamos de la educación en esta país. De que ahí está la respuesta y la solución a los problemas del país.
Tantos papás pagando semestres caros con esfuerzo o sin él, pero con la convicción en el discurso para sus hijos de que hay que ir a la Universidad.
Pero sale un académico, un experto, un doctor de verdad, y habla y afirma, señala, qué es lo que se debería hacer, muestra argumentos, exhibe datos, expone su conocimiento de años y la experiencia sobre lo que habla, y entonces la mitad de la gente mira para otro lado, no se respetan sus conceptos, se desdeña su autoridad, y luego millones salen a opinar desde sus tripas y a votar desde sus ideas ‘propias’.
Si no vamos a respetar a la Academia y al conocimiento, si nos vale cinco el concepto de eruditos, intelectuales y expertos con respaldo institucional, entonces cerremos las universidades que nos están haciendo bulto, dejemos la hipocresía y que se imponga por acuerdo la viveza y el engaño como herramienta de competencia, no le digamos mentiras a nuestros hijos sobre el valor y respeto que profesamos por la educación.
La principal derrotada del plebiscito por la paz fue la educación, luego, en el caso del fracking, ahora con los conceptos de estudiosos y expertos investigadores sobre la inutilidad de la guerra contra el narcotráfico y la necesidad de un acuerdo social por la legalización, y vamos por el mismo camino en lo que se refiere a la necesidad de cambiar el sistema capitalista de consumo por uno de fundamentos más sustentables.
Aquí no se le valora ni se le respeta al conocimiento académico, aquí no se sigue ni se atiende al conocimiento emanado por los estudiosos y los centros de pensamiento universitario desde la Academia. Entre la soberbia del ignorante atrevido y del que cree que las ciencias políticas, la historia, la sociología o la comunicología son como el fútbol y cualquiera sabe, y que eso no necesita estudio para opinar; entonces, la ciencia, las ciencias sociales, económicas, filosóficas y humanistas sobran, son relleno a la luz de sabios de calle y whatsapp.
Para qué maestrías y doctorados en esos campos, si el odontólogo, el ingeniero, el abogado como el tornero y el panadero, saben de lo que no estudian más que nadie. Su conocimiento técnico e instrumental se extrapola a todas las áreas y disciplinas por gracia de su bilis y soberbia vulgar.
Sin respeto por el conocimiento y humildad frente a los saberes de otros, la democracia es una farsa, una juerga de egos patrocinada por los más inescrupulosos. Y en la pista de esa francachela, los borregos, que en fila ruñen su propia desgracia concentrados en la paja que les sirven los carniceros.