Andrés, lengua de res.

Que cantidad de paja… Lo de la violación en Andrés ha despertado algo que se parece a una movilización en contra de un crimen asqueroso, pero no es más que circo mediático frente a una figura famosa, que gracias a su soberbia tiene la lengua más rápida que su sentido común, en el contexto de un restaurante que muchos aman con esnobismo y otros «odian» con resentimiento aunque en el fondo todos saben que es solo un icono, de tantos, del parroquialismo nacional, en suma, pura carne para el show de la semana.

Parece un alzamiento social en contra de la misoginia, pero resulta que no es más que un aleteo de indignación metiadizado contra un lenguaraz empresario que se ve acorralado por un hecho bochornoso que puede afectar su negocio y su, esnobista, imagen, dejando pasar la oportunidad de mostrar los dientes en serio, con indignación, contra ciertas formas sociales degradantes y peligrosas para nuestras niñas y jóvenes, en donde el alcohol y el sexo son solo el telón de fondo de conductas masculinas y femeninas que, no seamos morrongos, son cada vez más comunes, no por eso menos degradantes, en donde el hombre no respeta los límites que otro ser humano impone sobre su cuerpo, incluso, sobre su espacio vital, personal, y donde una mujer muchas veces no impone esos límites desde su mente, en su entorno. Sigue leyendo