La ignorancia es atrevida, ahistórica y madre de la injusticia y la barbarie. Un ejemplo: quienes acusan a la izquierda de amar a los pobres y multiplicarlos por eso, ignoran (inocente o voluntariamente) que el derecho a tener vacaciones, primas, seguridad social, horario y un contrato laboral es producto de la lucha de muchos de esos a los que llaman mamertos. Si bien puede no representar un ingreso millonario a los ojos de un economista ortodoxo, es un gran tesoro social y de calidad de vida para todos sin distingo ideológico, del que claramente renegaron los dueños del capital en el pasado y aún.
Ahora, que todos lo puedan o no disfrutar, depende de hasta qué punto entre patronos y trabajadores logran acuerdos y un Estado fuerte y responsable los cobija y los reglamente para que sean cumplidos, arbitrando a favor de los menos poderosos en esa dinámica. Sigue leyendo