De verdad que se tienen confianza los politiqueros de este país, (no digo los políticos porque los hay buenos, como los médicos, los policías, los periodistas…) digo los politiqueros, los que han echado raíces como la «
aristocracia» criolla,
atornillados a sus puestos en el poder, a sus curules-trono, desde donde manipulan puestos de carrera públ
ica, cupos universitarios, gerencias en entidades públicas, asignaciones presupuestales locales…etc.
Politiqueros y politiqueras, porque mujeres también hay, no nos creamos el eslogan parroquial y sexista, que ahora es bandera, de que las mujeres lo hacen mejor… como si ‘Karina’, la ‘Gata’, ‘Yidis’, Zulema Jattin, Dilian Francisca (por citar algunas féminas) fueran asexuadas o espejismo de la especie…no, no, aquí no hay género, región, raza, credo, ideología, color de trapo ni origen social definido, solo una localización ética y espiritual para poder ubicar a los politiqueros: como hampones con respaldo popular.
Y sí, lo triste es que tienen respaldo, y no es usted ni yo lector, es una masa de gente que no está en ninguna red social digital quizá, ni en su Universidad, ni salió de su colegio, ni vive cerca de su hogar, tampoco los verá por su trabajo ni en donde almuerza los viernes o los días de quincena, menos, por los centros comerciales del fin de semana, ni por las rutas de la 10K o la 15K, menos en la cancha de fútbol 5 sintética y nunca en los conciertos que parecen ríos de gente, y lo siento, tampoco en su congregación dominical que parece total. Eso sí, una gran cantidad de los que sí ponen presidentes están en asociaciones, y algunos hasta en un club, no porque así lo vean ellos mismos, sino porque así es para los gamonales y dueños de la maquinaria en tiempos de votos, ese club de electores es
Familias en Acción.
Pero cuidado, que en nuestro entorno y espacio que nos parecen familiares, hay mucha gente que no votará, esa es la la otra masa, la quejosa pero resignada, la indignada pero pasiva, la educada pero insignificante. Una donde también hay gente preocupada y activa, es cierto, pero es
una ‘masita’ al final, una evidencia de que no todo está perdido, sí, pero con fuerza de gaviota sin verano.
Pero la gran masa, la que sí cuenta en las elecciones, la que sustenta las estadísticas, la que le da sentido a hablar de un país con 50% de su gente pobre o indigente, la que le da cuerda al índice Gini para dejarnos como uno de los
países más desiguales del planeta (donde los pocos muy ricos tienen concentrado mucho y los muy pobres son muchos con poquito del poco que les llega), esa masota es la que respalda a los hampones, a veces sin darse cuenta porque los compran por su hambre o miseria (sí, eso sigue sucediendo): van, les recogen las cédulas y hágale pues a poner X en la carita del patrocinador.
Otras veces, las más, esa masota no tienen herramientas de juicio, de discernimiento, para saber por quién van a votar, solo tienen la TV y los periódicos gratuitos. Y en un país donde la TV es el epicentro de construcción de memoria histórica colectiva, donde se entroniza lo famoso como importante y útil, donde los niveles de lectura son de llorar, pues ahí en la pantalla encontrarán al «tipo de las ideas buenas» -al que no es loco, ni incómodo-: la gran masa verá y escuchará la tarjeta neutra de presentación que hacen los
medios politizados de los candidatos que convienen a los dueños de esos medios, osea a los de 3/4 del país, incluyendo los tres poderes, y listo, de eso saldrá el candidato para su futuro, y esa gran masa, que es de verdad poderosa, ellos son los que deciden su futuro y con ese, el nuestro, lector.
Y por eso es que los politiqueros se tienen confianza, porque ese sistema funciona, por eso hoy el Partido Liberal vende como renovación para estos tiempos a Horacio Serpa, al delfín Gaviria, a los samperistas y sus Santos tapados; por eso el Partido Conservador pone a Gerleín como cabeza ‘excremental’ de sus listas. Y no es que su edad sea un problema, ni en Serpa ni en Gerlein, sino sus empolvadas, reprobadas, y mal amasadas herencias. Ellos y sus círculos cercanos son los mismos de siempre: los mismos apellidos y sus amigos, sobrinos, hijos, que durante 100 años han administrado la marranera.
Ellos saben que la gran masa funciona con el mismo bagazo de siempre, y que los de la masita somos cerdos engordados por nuestra propia, precaria pero tangible, comodidad. Así que confiados, los politiqueros (liberales, conservadores e híbridos, autodenominados de la U) son capaces de burlarse de todos, masa, masita y masota, rotándose el poder, perpetuando su control y esperando el 31 electoral para comer lechones rellenos. Usted y yo. La gran masa es la que realmente pone presidentes y muchos congresistas y diputados, pero también porque la masita (me incluyo) está conforme con su bagazo mejorado. Y esta vez, ¿qué vamos a hacer? Oinggg
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