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De forúnculos y terroristas

Hacer terrorismo es muy fácil, es como cuando sale un forúnculo: de la nada, silencioso, pequeño respecto al resto del cuerpo, pero doloroso, incómodo, peligroso, ponzoñoso, profundo, es capaz de que duela incluso lejos de su epicentro, y casi siempre persistente. Es parte del cuerpo, una anomalía inherente a todos los organismos, en unos latente tan solo, en otros evidente, viviente, pero nadie lo quiere, no es bueno ni agradable, produce una herida que se inflama, que sangra; sin embargo, no nos cortamos la pierna ni el brazo ni nos quitamos el pedazo de carne donde anida, sino que lo combatimos, exactamente: lo tratamos, lo drenamos y limpiamos hasta que sana.

No es nada agradable, ni como se escucha, ni como se ve, ni como se siente. Pero está ahí, es real y pasa, hay que afrontarlo.

Ahora, a las Farc no las vamos a acabar con plomo y bombardeos solamente, no podemos cortarlas de tajo, amputarnos el pedazo donde están, ni sacarlas porque no son algo ajeno al cuerpo, están ahí como parte de esta sociedad desigual, llena de corrupción, esquizofrenia social e incoherencia, no como su expiación, sino como un mal más, dije bien, como parte. Es uno de los forúnculos, como esos otros que acabo de mencionar, es una inflación incómoda, desagradable y ponzoñosa de nuestro tejido social. Hay que tratarlo con las armas porque es lo obvio, drenarlo, pero hay que intentar solucionarlo, sanarlo, definitivamente con un tratado, socavar su lógica guerrera, extirpar su razón de ser: la confrontación. Ahí, en el enfrentamiento es donde mejor se sienten las Farc, donde ganan sin victoria, es lo único que saben hacer y ser. El golpe y contragolpe.

No podemos esperar que el resultado final sea diferente haciendo siempre las mismas cosas, lo dijo Einstein. Hay que acabar con el escenario que les da vida pública hasta ahora. Así que tenemos un reto: frente a la irracionalidad de la guerra, la irracionalidad de la paz; es lo único que permitirá que deje de supurar esa herida, como en los últimos 6 decenios. Como lo esta haciendo hoy con atentados que destruyen vías de comunicación, oleoductos contaminando luego del bombazo, policías y guerrilleros llenando bolsas negras tras su muerte.

Ellos, las Farc, ELN y sus facciones son una bacteria de nuestro sistema social, actúan como forúnculo, están ahí, negarlos es absurdo, loco, es hora de que empecemos a tratarlos, no solo drenarlos. Hay que desarmarlos y sacarlos de su zona de confort, de su medio de vida y sustento, hay que diálogar y llegar a que deban exponerse ante todos, sin armas, con ideas, pero eso no se hace con plomo: no se cura la supuración cercenando el cuerpo. Es desagradable, pero la guerra lo es más.

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