En estos momentos de congoja por el atentado a Miguel Uribe Turbay, precandidato a la Presidencia -es decir no es candidato oficial por ningún partido-, pero recordando tantos otros crímenes, que luego dieron sorpresas cuando se descubrió a sus autores reales en los altos círculos políticos de Colombia o en el mismo bando de la víctima, o autores entre quienes aparentemente no tenían motivos claros, y luego hasta se ocultaron por años y hasta nuestros días, en estos momentos y en ese marco de memoria, es pertinente recordar que cuando ocurre una tragedia de este tipo todos miran hacia el mismo lado, pero los grandes investigadores de la historia nos enseñaron a mirar hacia otro:
¿Quién gana? ¿Quién se beneficia? ¿A quién le conviene?
Atentado
De forúnculos y terroristas
Hacer terrorismo es muy fácil, es como cuando sale un forúnculo: de la nada, silencioso, pequeño respecto al resto del cuerpo, pero doloroso, incómodo, peligroso, ponzoñoso, profundo, es capaz de que duela incluso lejos de su epicentro, y casi siempre persistente. Es parte del cuerpo, una anomalía inherente a todos los organismos, en unos latente tan solo, en otros evidente, viviente, pero nadie lo quiere, no es bueno ni agradable, produce una herida que se inflama, que sangra; sin embargo, no nos cortamos la pierna ni el brazo ni nos quitamos el pedazo de carne donde anida, sino que lo combatimos, exactamente: lo tratamos, lo drenamos y limpiamos hasta que sana.
No es nada agradable, ni como se escucha, ni como se ve, ni como se siente. Pero está ahí, es real y pasa, hay que afrontarlo. Sigue leyendo
