De tanto en tanto se vienen anuncios de las 7 plagas que asolarán la tierra. Visiones apocalípticas que sirven, unas, para movilizar a la adormilada masa en todos sus niveles y unir fuerzas en pro de salvar a la especie; otras, para ocultar, como un velo, la verdadera parafernalia que termina siendo la que sostiene cierto orden artificial en el mundo.
Frente a unas y otras, el periodismo se debate entre la esencia ética que se le asigna para ejercer como bastión social de la libertad y la verdad, y su nuevo escenario como materia prima de un negocio, la información como poder, que dominan los monopolios económicos y políticos que concentran en unas pocas manos las columnas principales de la sociedad moderna, su presente y su futuro.
En esa lucha actual, viene haciéndose popular el concepto de teoría conspirativa para estigmatizar todo aquello que no encaja bien en las plantillas editoriales de las agencias de prensa internacionales pero que compite con el discurso plano pero atemorizante de las noticias locales, producto de los medios marca en su, cada vez más, función como oficinas de prensa de los conglomerados económicos a los que pertenecen.
Teoría conspirativa
Así, la explicación no convencional ni oficial de un hecho, evento o conflicto que deba ser comunicado de forma masiva es, entonces, potencialmente un capitulo más de una, o una nueva, teoría conspirativa.
Esta vez la noticia, el hecho, la plaga, evento, es el ébola, su aparente y súbita exacerbación, su eclosión desde la cloaca de la civilización occidental, la saqueada África, hacia Europa y EE.UU.. Los medios masivos han encontrado una alarma más para poner a zumbar en las mentes del ciudadano. Sigue leyendo →
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