#PedagogíaParalaPAZ Sigo en este compromiso de aprender cada día algo diferente de este proceso y su Acuerdo de Paz en Colombia. La primera reflexión se centró en la diferencia entre negociación y sometimiento, y por qué eso marca lo que se acordó. Hoy, viernes 26, escucho al Comandante del Ejercito general Alberto José Mejía en entrevista con Claudia Gurisatti, y siento confianza porque ellos serán garantes de la concentración y el arranque práctico del Acuerdo.
Creo y confío en la capacidad del ejército, de nuestros soldados y sus líderes, en su fuerza y diligencia, confío en nuestras Fuerzas Armadas como durante las últimas décadas en guerra y ahora en el momento de su victoria de la paz. No hay perfección en la guerra, no hay perfección en la paz, son un producto de nuestra imperfecta naturaleza.
Y en ese contexto real, la confianza es lo que nos permite seguir adelante. Confiar es tener claro que no hay perfección, que cada acto humano consecuencia de su voluntad está sujeto al error, pero sin confianza eso nos paralizaría. Confiar en que el resultado de nuestros actos puede ser positivo, que nuestros actos tienen en gran parte la necesidad de ser buenos por simple autoconservación, es lo que nos permite vivir, salir de la cama, ir a la calle, trabajar, amar y compartir.
Antanas Mockus nos lo ha intentado enseñar desde hace años: un semáforo funciona no porque sea eléctrico o por sus colores, sino porque confiamos en que los demás, como uno, lo van a respetar. Y sí, hay infractores, pero no por eso hemos decidido que el semáforo es inútil.
En este Acuerdo entiendo que lo único que garantiza que sirva es que las Farc han aceptado las reglas, el semáforo, que nosotros hemos acordado como sociedad. Es decir, han decidido dejar las armas y acoger nuestras normas de participación política, en un acto de confianza en que tendrán la posibilidad de integrarse y confían en que sus vidas no correrán peligro ahora desarmados. Han decidido confiar en que la historia de exterminio contra la UP legal y democrática no se repetirá.
Confían en que diremos sí a su decisión de dejar la guerra y exponer sus tesis e ideas, por muy diferentes y descabelladas que les puedan parecer a sus contrarios, en paz, legalmente y con la garantía de que no serán perseguidos ni aniquilados. Viejos y jóvenes que durante años o decenios han vivido y gobernado en selvas y montañas con violencia y en armas, confían en que en las ciudades y sus áreas de influencia podrán llegar a exponer sus tesis, y que serán escuchados, y sí, combatidos, objetados, inquiridos, cuestionados, rechazados, pero en debate de ideas y argumentos, o por lo menos que podrán intentar vivir aquí, cerca, anónimos, desconocidos, inadvertidos, y por fin también en Paz.
Ahora, nosotros solo podemos confiar en esa decisión y en su compromiso con el resto de los que vayamos a aceptarla. Sin confianza nadie produce, crece, sobrevive, aunque no lo percibamos, todos los días confiamos. En este caso no es diferente. Pero para que la confianza funcione, se nutre de derechos y deberes, eso es el tema de mañana.