Tras el Plebiscito. Pobres de mente, orgullosos dementes.

Guía para entender el resultado del plebiscito en Colombia: ¿por qué ganó  el no? | CNN

Un país condenado a ser la fiesta de su propia derrota. País inculto, orgulloso de su atrevida ignorancia. Sociedad inmadura que agrede al que se levanta con la razón, y se alaba de su brutalidad violenta e intimidante. País recua que vive de la fuerza de su lomo y bendice el látigo que lo impulsa sin compasión. Ese país votó No a la Paz.

Un país pobre de mente, pero en exceso demente, que espera redimirse por la gracia de sus mayorías ausentes, la corrupción de sus verdugos y a costa del silencio de su escasa brillante gente. Nación que vive a pesar de sí misma y ahí se encuentra su encanto y su espanto.

Nación de santos y vírgenes que degüella por un Salmo, y que por el vino escoge al ladrón y crucifica al arrepentido. Terreno sepulcro de la dicha que nutre jardines vibrantes de color y llanto. Tumor que crece y vive, tumor que es parte y arte, tumor que tienes en la cara y que te nombra, tumor que eres pero te consume. País que en la esperanza vive y mata.

En un cajero multitransacción Bancolombia de la Cll118 con Cr18 en Bogotá: «Por favor no introduzca monedas ni ganchos en la máquina, gracias». Un carro de la escuela de conducción ‘Edwcar’ en clase yendo a 20Kmh por el carril de la izquierda en la Av. circunvalar. Un cartel de prohibido ejercer la prostitución en este bar, en los establecimientos del Parque Lleras en Medellín. Padres y familiares de universitarios de institución top haciendo fila a la espera de sus angelitos y obstruyendo carril del transporte público sin sonrojo. Universitarios colándose en el transmilenio. Y a esa masa de egoístas, despistados e ignorantes le quieren dejar otro plebiscito. Marta Lucía Ramírez, el partido CD y el presidente del partido Conservador son cínicos o descarados.

En un país en donde las mayorías cuando leen algo prefieren Vea, TVyNovelas, 15 minutos, Q’hubo y Condorito; y su vida transcurre escuchando Olímpica Estéreo, La Mega, Tropicana Estéreo o Candela, las que más que duplican en ser escuchadas a Caracol, La W y RCN… En un país que se concentra en la televisión para construir opinión con dos noticieros que son de bajísima calidad periodística… En ese país quieren aún algunos volver a hacer un plebiscito para dejar en manos de un pueblo desinformado, ignorante y desinteresado el futuro de un Acuerdo que le duele a los más violentos y tramposos oligarcas de este país.

El sí y el no del plebiscito por la paz en imágenes | Fotos | Fotos | EL  PAÍS

¡No sean tan bestias! Solo con salir a manejar en carretera se sabe que este es un pueblo de gente que no sabe tomar las más básicas decisiones. Lamentablemente es necesario dejarlo para un espacio donde se garantice que hay gente mínimamente formada para el asunto, mejor Claudia López, Robledo, Navarro, Lozano, que millones de despistados que asumen un Referendo como una tertulia de pola y salchichón de esquina.

Si un grupo de personas no es capaz de distinguir la diferencia entre enfoque, ideología, política e identidad, no tiene la más mínima idoneidad para gobernar un país. Puede confundir ciudadanos con asnos, borregos o esclavos. Puede confundir liderar con mandar, o conducir con obligar. No sé, quizá confunda incluso mentir con reformar, someter y negociar.

Tanto que hablamos de la educación. De que ahí está la respuesta y la solución a los problemas del país. Tantos papás pagando semestres caros con esfuerzo o sin él, pero con la convicción en el discurso para sus hijos de que hay que ir a la Universidad. Pero sale un académico, un experto, un doctor de verdad, y habla y afirma qué es lo que se debería hacer, muestra argumentos, exhibe datos, expone su conocimiento de años y la experiencia sobre lo que habla, y entonces la mitad de la gente mira para otro lado, no se respetan sus conceptos, se desdeña su autoridad, y luego millones salen a opinar desde sus tripas y a votar desde sus ideas ‘propias’.

Si no vamos a respetar a la Academia y al conocimiento, si nos vale un lo mismo que moco seco el concepto de eruditos, intelectuales y expertos con respaldo institucional, entonces cerremos las universidades que nos están haciendo bulto, dejemos la hipocresía y que se imponga por acuerdo la viveza y el engaño como herramienta de competencia, no le digamos mentiras a nuestros hijos sobre el valor y respeto que profesamos por la educación.

Es que la principal derrotada de este plebiscito fue la educación. Aquí no se le valora ni se le respeta, aquí no se sigue ni se atiende al conocimiento; entre la soberbia del ignorante atrevido y del que cree que las ciencias políticas, la historia, la sociología o la comunicología son como hablar de fútbol y cualquiera sabe, y que eso no necesita estudio para opinar. Para qué maestrías y doctorados en esos campos, si el odontólogo, el ingeniero, el abogado como el tornero y el panadero, saben más de esas áreas que sus expertos e investigadores. Sin respeto por el conocimiento y humildad frente a los saberes de otros, la democracia es una farsa, una juerga de egos patrocinada por los más inescrupulosos.

La mala educación dice: No se habla de política ni de religión en reuniones sociales ni familiares, y así, terminamos haciendo censura social que le deja los temas clave a unos pocos que después lo manipulan todo. A esa educación hay que cambiarla. Claro que hay que hablar de política, y de religión, y de economía, y de astronomía… y en familia, y en fiestas, y en el trabajo, y en el recreo, y en misa, y en las calles, lo que se necesita es aprender a hablar de eso y practicarlo. Con información, argumentos, escuchando y con respeto. Lo fácil es cualquier prohibición, lo necesario es buena educación. Y esto también empieza por casa. Hay que dar Buena Educación.

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