
Un país condenado a ser la fiesta de su propia derrota. País inculto, orgulloso de su atrevida ignorancia. Sociedad inmadura que agrede al que se levanta con la razón, y se alaba de su brutalidad violenta e intimidante. País recua que vive de la fuerza de su lomo y bendice el látigo que lo impulsa sin compasión. Ese país votó No a la Paz.