Históricamente, en Colombia, el gobierno de turno que se descara en cometer corrupción, en su ineptitud y desconexión con el pueblo que democráticamente lo aceptó, saca a las calles a la Fuerza Pública para callar, perseguir y reprimir a quienes le reclaman cambio, transparencia, respeto por la ciudadanía y participación real de todos los actores sociales y políticos en las decisiones cruciales del Estado para la Nación, tildándolos de vándalos, terroristas y subversivos peligrosos.
Pasó con la retardataria, mediocre, goda, machista y corrupta hegemonía conservadora, que trató como vándalos a los liberales, uso a la Policía, Ejército y Paramilitares para acabar con su oposición., encendiendo con ello, una espiral de venganza, barbarie y locura popular conocida como la época de «La Violencia» (paradoja colombiana por excelencia).
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