Diálogo Social hacia un Acuerdo Nacional, la única salida para esta crisis

PROPIEDAD DE JUAN BARRETO AFP Tensión y violencia: qué pasa en la crisis en Colombia que arrincona a  Duque - LA NACION

En las crisis, en esta crisis que vivimos con fuerza y vitalidad en Colombia, no hay que destruir, hay que construir desde el diálogo. El Estado debe dar ejemplo desde su poder, las élites deben dar ejemplo desde sus privilegios, el Gobierno debe dar ejemplo desde su liderazgo para construir el ambiente y disponer las vías claras, transparentes y públicas de diálogo con quienes manifiestan justo malestar.
 
Dialogar honestamente implica indefectiblemente escucha atenta, abierta y empática, de todos los lados y jerarquías. La democracia es un ejercicio de negociación más allá de las elecciones y de pírricas mayorías en estas.

 
Se requiere un Acuerdo Nacional, esto toma tiempo, y al seguir dilatando el diálogo indispensable para lograrlo, las consecuencias del descontento y este se acentuarán.
 
Urge dejar a un lado prepotencia, arrogancia y privilegios, conectar con la realidad del otro y tejer soluciones auténticas, sin ases bajo la manga ni jugaditas.
 
Y no, no es tiempo de derrocamientos de Presidente, golpes militares, destituciones de Alcaldes, reformas a la Constitución como principio ni fin de la crisis, ni de la manifestación pacífica, mucho menos como justificación de la violencia o el Paro Nacional.
 
La institucionalidad es indispensable para que avancemos en democracia, y es DEBER de TODOS los colombianos preservar las instituciones democráticas y demandar, eso sí, su equilibrio. La solución no es acabarlas quemando juzgados, alcaldías, cárceles, URIs y CAIs.
 
«Hay un círculo vicioso muy peligroso que encadena la ineficacia estatal con el deterioro de la legitimidad, la falta de confianza en las instituciones y por último la ineficacia. Tenemos que ser capaces de ser críticos, incluso radicalmente críticos frente a ciertas dinámicas institucionales sin que ello implique acabar con las instituciones. La solución al mal estado no es el no-Estado, sino el buen Estado.», expone bien Mauricio García Villegas, doctor en Ciencia Política e investigador en Dejusticia, en entrevista con el medio Contexto.
 
No podemos caer en tal círculo aunque la soberbia e irrespeto de la élite que gobierna sea evidente, ni ante la prepotencia y desconexión de la administración de turno en la Presidencia, ni a causa de la evidente falta de liderazgo y fuerza de Iván Duque en un cargo que se le vio muy sobre su talla desde el principio.
 
La manifestación, el paro, como toda medida y mecanismo de expresión no puede ser indefinida, pues pierde su sentido y significado, se degrada y pervierte. Es hora de detener la queja y el grito. Es indispensable re encausar la justa causa de la inconformidad expresada en las calles hacia el diálogo, ponderado y puntual.
 
No es posible resolver todas las causas de la desgracia nacional en una sentada, en una semana de acuerdos. Los líderes que representan al pueblo en sus demandas, deben mostrar lucidez y sentido de la realidad por su lado.
 
Hay que iniciar por asuntos inmediatos, con sus fondos estructurales y que puedan, y que deben, ser atendidos de forma creativa y novedosa por el Gobierno en medio de una coyuntura sanitaria que ha agudizado un deterioro social y económico continuo. Son tiempos extraordinarios, es estúpido y demente creer que con respuestas ordinarias y medidas tradicionales se encontrarán soluciones pertinentes y efectivas.
 
El Acuerdo Nacional debe basarse en la identificación de necesidades, frente a estas medios de aborde y trabajo, recursos disponibles y responsables en el corto plazo, y una agenda realista para ir abordándolas, en una priorización que atienda al grueso de las familias en riesgo y precariedad.
 
El Acuerdo, insisto, presenta un camino largo de diálogo, pues solo hasta ver los primeros resultados efectivos y honestos, podrá avanzarse en otro puntos posteriores dentro de la agenda.
 
Sin duda, una Reforma Tributaria es prioritaria, pues debemos establecer de dónde saldrá el dinero para salvar a familias del desempleo y pymes de la quiebra en esta crisis que supura. Pero no pueden ser las ideas ortodoxas y foráneas las que determinen la propuesta.
 
El Acuerdo Nacional  debe servir para cerrar filas en torno a medidas controversiales a luz de los intereses financieros del FMI o el Banco Mundial, que en momentos normales de la humanidad, la economía y la salud globales, pues tendrían cabida quizá. Pero atravesamos una coyuntura inédita y aguda, que requiere medidas extraordinarias y fuera de la caja del pensamiento imperante desde esas organizaciones.
 
Quienes están en el gobierno tienden a decidir en economía y política a la luz de sus propios intereses personales y partidistas, de cara a ocupar puestos en entes multilaterales como el FMI, OEA y BID, por ejemplo, pero en esta ocasión y circunstancias deben dar ejemplo de patriotismo y compromiso con su pueblo, con su nación, y concertar soluciones que respondan al clamor e interés público y común en Colombia.
 
«Es cierto que los demócratas de derecha, centro o izquierda no son siempre francos. Claro que no, son políticos, no son santos, y como tal hacen lo posible por inclinar la interpretación de la realidad hacia el lugar que más conviene a sus pretensiones políticas. Pero cuando está en juego la dignidad humana o los valores esenciales de la república, reconocen los hechos y se someten a la verdad y a la ley. Muchas veces lo he dicho: la civilización de nuestro sistema político implica que la derecha democrática denuncie los desmanes de la extrema derecha con la misma fuerza y convicción que denuncia los de la extrema izquierda y que la izquierda democrática denuncie los desmanes de la extrema izquierda con la misma fuerza que denuncia los de la extrema derecha.», explica Jaramillo.
 
Y en este caso, izquierda y derecha deben liderar el Acuerdo Nacional sin sectarismos en el diálogo, con espíritu democrático, con escucha atenta, con el pueblo, con las representaciones indígenas, estudiantiles, obreras y campesinas. No hay otro camino.
 
En paralelo, la fuerza del Estado, decantada en las armas de la Policía y el Ejército debe estar al servicio de este Acuerdo, no del partido de gobierno, ni las élites. Debe estar garantizando la seguridad para todos, luchando con decisión y transparencia para detener la matanza de líderes sociales en el Cauca y Catatumbo, debe mostrar decisión y potencia en contra de quienes socavan la democracia en el corredor Pacífico del país, no en represión brutal e infiltraciones maniqueas a la protesta social legítima.
 
Diálogo y Seguridad con claridad, foco y resultados, con orden y coherencia son el principio para encontrar salida de este laberinto construido con desgobierno e incapacidad política para responder a la coyuntura.
 
Hay que parar el Paro, levantar los bloqueos, detener los enfrentamientos para que se den condiciones de confianza y disposición indispensables para el Acuerdo.
 
La Academia y los centros de pensamiento deben proponer las herramientas para desarrollar el diálogo y la verificación de avances y ejecución, y debe ayudar a establecer los mecanismos de seguimiento para evidenciar logros.
 
El gobierno debe mostrar apertura, humildad y disposición para participar con transparencia en este diálogo, debe deponer sus ideas prefabricadas y fórmulas desgastadas de manejo y administración, y estar dispuesto a desarrollar un plan colaborativo con distintas fuerzas para responder a las demandas, respetar los tiempos y estar dispuesto a trabajar de esta forma sin acuerdos bajo la mesa ni cálculos electoreros.
 
Todos en la sociedad debemos estar dispuestos a seguir el diálogo, informarnos y participar de manera madura y sosegada en este proceso para el Acuerdo Nacional. No hay otro camino.
 
 

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