Esta reflexión puede incomodar a los amantes de la tradición y los ídolos inmortales, ya sea porque la simplificación es confortable y hacerse consciente de la complejidad de la realidad, y en este caso de la histórica, trae rupturas con lo establecido y lo aceptado en la vida sin lectura consciente y sin mirada crítica; o porque la crítica a lo adoptado como correcto en una sociedad pobremente educada y altamente adoctrinada en lo godo (mezcla de ideología conservadora políticamente, sentimiento ultrareligioso en la fe, crianza machista transgeneracional) hiere la autoestima y el gregarismo parroquiales colombianos.
Sin ser esa la intención en cualquier caso, los expertos en Historia lo han dicho: A la celebración del 20 de julio le falta nación y le sobran armas. Hoy nos la empaquetan como una celebración del Ejército, de las Fuerzas Armadas, que incluso sería más apropiada para el 7 de agosto, conmemoración de una batalla, ahí sí una victoria coronada por las armas.
Pero el 20 de julio debería celebrarse el «Grito de Independencia», que por demás, en Colombia debería resumir LOS Gritos de Independencia como en realidad fue y que es el fondo de lo que en nuestra diversidad y como país de regiones movió a sus gentes disímiles a exigir su reconocimiento como ciudadanos con voz y necesidad de participación en el gobierno de su vida, entorno y sociedad, a la luz de la Declaración de los Derechos Humanos (del hombre en el siglo XVIII).
Y en ese sentido lo dicen los analistas:
«»Para entender la victoria militar hay que ver por qué se estaba peleando», dice Sebastián Vargas, director del departamento de historia de la Universidad del Rosario.
«No solo se peleó porque había una voluntad de liberarse de la Corona, sino porque se buscaba una igualdad de derechos entre los ciudadanos».
Inspirados en la Declaración de Derechos del Hombre, el documento fundamental de la revolución francesa que tradujo Antonio Nariño en 1795, miles de indígenas, afrodescendientes y mujeres hicieron parte de la lucha de independencia en busca de reivindicar sus derechos como ciudadanos.
Y aunque esos derechos se fueron ampliando lentamente desde 1810, sobre todo con la constitución de Cúcuta de 1821, los críticos apuntan que esa demanda sigue pendiente 210 años después: Colombia es, hoy, uno de los países más desiguales del mundo. (…)». https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-53465836
En ese mismo sentido, con base en este deseo aún buscado, los Gritos de Independencia no fueron de guerra sino de reivindicación, gritos políticos, gritos con un discurso ilustrado y profundo de búsqueda de reconocimiento e incidencia de miles de personas con amplia diversidad social, racial, regional y política.
«Santafé no fue la única ciudad que declaró autonomía en 1810. Ese mismo año Pamplona, Cartagena y Mompox fueron escenarios de procesos similares que conformaron la ola de movimientos juntistas en las colonias españolas en América (…).»
«1810 fue un año que marcó el inicio de los movimientos políticos y sociales que desencadenaron la independencia definitiva del Virreinato de la Nueva Granada. Al respecto, el hito más conocido y representado es el levantamiento del 20 de julio de 1810 en Santafé, que tuvo como consecuencia inmediata la destitución del virrey Antonio José Amar y Borbón y el establecimiento de una Junta de Gobierno en la capital del virreinato.»
«Sin embargo, este grito no fue único ni aislado, sino que respondió a una ola de movimientos juntistas en todo el virreinato que buscaron reemplazar la autoridad virreinal con autoridad local, autónoma de esa estructura colonial pero aun fiel al rey Fernando VII.» https://www.senalmemoria.co/gritos-de-independencia-nueva…
Sobre Cartagena, primera República en el territorio de la Nueva Granada, los historiadores hacen un análisis de cómo el concepto de ‘Patria’ responde a una construcción de comunidad conforme a un momento común, por lo que los Gritos de Independencia nos hablan también de las visiones y misiones por distintas patrias en 1810.
«La primera experiencia republicana de Cartagena se convertiría entonces en una referencia clave del pasado para recordar el «amor por la patria» de los «antiguos ciudadanos» y así despertar la «pertenencia cívica» de los «nuevos ciudadanos» frente a políticas como el sometimiento de la provincia de Cartagena a la Constitución Política de Colombia de 1821, la creación del Estado Soberano de Bolívar en 1863 o las campañas políticas de importantes líderes cartageneros como Juan José Nieto, Juan Antonio Calvo y Rafael Núñez, entre otros. La historia de la primera república se convirtió en la pedagogía del ciudadano definido como un «servidor de la patria», por lo que esta «historia patria», más entendida ahora como evocación de los momentos de «gloria del pasado»50, empezó a ser difundida, nuevamente, mediante la creación de fiestas (como la del 11 de noviembre a partir de 1846) que sirvieran en el proceso pedagógico de formación cívica de los ciudadanos de la provincia de Cartagena.»
http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext…
Entonces celebrar un 20 de julio en Colombia debería estar más lleno de democracia, diversidad, pueblo y regiones. Debería ser la oportunidad de exaltar la riqueza inmaterial de Colombia, de darle visibilidad a sus etnias, de celebrar la historia cultural desde sus tradiciones y nuevas expresiones, una Fiesta de Independencia sin olvidar lo indígena, lo español, lo africano, lo mestizo, lo mulato… lo que somos en toda su variedad.
Caravanas de música, comparsas, bailes, muestras artesanales y artísticas de todo lo que se amalgama en Colombia y que se unió antes para liberarse, hablar y permanecer, y que somos.
Un 20 de julio hermoso con banderas, cantos, comidas, trajes y vestidos típicos y de época, y los niños viendo que eso es su país, y que en esa diferencia son, y de ahí vienen y que eso deben defender. Eso mejor que tanquetas, fusiles y tambores de guerra muy centralista y goda. Esa fiesta sí es más fiel a lo que sucedió en todo nuestro territorio como ‘Gritos de Independencia’ y que puede constituirse en una Narrativa incluyente, festiva, integradora y muy significativa de lo que nos une y que nos invitará a construir cada año sobre ese esencia de coraje, valentía, inteligencia y voluntad de personas que lucharon por ser dueñas de su decisión y escritoras de su Historia. Eso, creo, sería una «Gran Fiesta Patria».
