El tradicional villancico del salario mínimo

Cada fin de año llega el momento de las fiestas navideñas, del regocijo familiar y de las verbenas multitonales y multicolores. Y en este ambiente se entonan cancionsillas repetitivas y repetidas desde hace decenios, pintorescas tonadas que evocan peces que beben, pesebres, pajaritos y fuentes, burritos y pastorcitos.

Como preámbulo a tan dichosa época ritual, en Colombia se produce un momento de negociación que determinará, o mejor, debería determinar, los ánimos para la celebración por lo menos con certeza para el siguiente año. Se trata del tira y afloje por el aumento del salario mínimo que regirá para el siguiente año, y con él, el pírrico aumento de los ingresos de la mayoría de los colombianos, así como de los costos de multas de tránsito, pasajes del transporte público, matrículas escolares, arriendos y hasta del pan de cada día.

Y este preámbulo infausto para muchos, también tiene sus villancicos, sus tonadas repetitivas y repetidas. Eso sí, estos villancicos no son bucólicos ni esperanzadores ni inocentes. En estos hay mucho de cábala y aguinaldo sin premio para los técnicos de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF) y sus amigos de Fedesarrollo, que como un coro disciplinado, cada fin de año nos dan su concierto de premoniciones y nubes grises.

Resultado de imagen para scrooge chorusCada año desde hace mucho tiempo, al bordear el final de noviembre salen desde la ANIF con la sentencia de que si se aumenta mucho el salario mínimo el dios ortodoxo de las finanzas y la macroeconomía nos castigará, enviará a nuestras tierras desempleo e inflación. Esto como contexto de su propuesta desde la orilla de la banca, de sus patronos, de que el salario mínimo debe aumentar poco, lo suficientemente poco para que  el Olimpo criollo de las finanzas se mantenga piadoso.

En el año 2010, por ejemplo, por este mismo momento de noviembre, la ANIF decía que lo mejor, lo que debía ser, era «un reajuste del mínimo del 2.5 por ciento. El presidente de la agremiación manifestó que un aumento por encima de este tope podría afectar la generación de empleo en Colombia.» En ese entonces el director del coro navideño era Sergio Clavijo, y el Ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry.

Ahora, en el menguante 2016, inicia la negociación del incremento del salario mínimo el sempiterno director de la ANIF dice a los medios que «un incremento del 6,3% en el salario mínimo para el próximo año, haría que se mermara aún más la generación de empleo del país.». A ver si por fin se le da.

Porque en el año 2014, en un documento de ese gremio, se aceptaba que sus predicciones no se cumplían, pero que en algún momento de pronto sí: «Hasta la fecha, podría argumentarse que esos desbordes del SML por encima de la PL no han afectado significativamente la generación de empleo, pues la tasa de desempleo se ha logrado reducir del 12% al 9.6% (en promedio anual) durante el período 2009-2013. También se han visto progresos en el frente de formalización laboral, pues la relación Cotizantes PILA/PEA ha aumentado del 33% hacia el 36% en los dos últimos años.».

Más que un análisis serio y constructivo para el país, para sus trabajadores, lo que hacen entidades como ANIF y Fedesarollo es apostarle a un jingle del desastre cada año, han compuesto un villancico del salario mínimo en el que esperan que por fin su verdad brille alto allá.

Esperanza que Clavijo y su gremio parece nunca perder, porque siempre canta igual, aunque con cierto amargor a lo Mr. Scrooge, como 2013 cuando decía: «Estamos tratando de contener la idea de una sugerencia por parte de la Vicepresidencia de la República de que seamos generosos en el reajuste del salario mínimo. Nosotros creemos que no es el momento para serlo, porque básicamente se estaría abortando la recuperación que hay con el tema de la reducción de la tasa de desempleo, que baja del 11 % al 10 %. Si se incrementa más del 3,9 % se abortaría la idea de llegar al 9,5 % el próximo año».

Ahora, cada vez que desde la ANIF se canta su tonada, el aumento salarial se hace un par de notas más alto que en ese canto. Como en 2015, cuando «entidades como Anif, Fedesarrollo y el Banco Mundial han recomendado que el aumento no supere el 4,5%, es decir, $27.700, porcentaje de sumar la productividad y la inflación proyectada.», ya sabemos por qué catastróficas predicciones, pero se aumentó el 4,6%, pero el desempleo siguió cayendo y en ese año llegó a 8,9%, luego del 9,1% de 2014.

Y ya en el ocaso de este 2016, entonces, escuchamos los villancicos del salario mínimo que anuncian desgracia y hecatombe si no se siguen indicaciones comprobadamente irreales. Ya saben, como desde hace lustros, aunque no suceda, si el aumento es mayor a lo que les conviene a los banqueros, dueños de decenas de empresas en diferentes sectores económicos, entonces el desempleo será el regalo indeseado y hasta la inflación con moño nos llegará cantan en coro, lo que se convierte más bien en sonsonete cuando se revisan los casos  de Uruguay, Brasil, Chile, donde en general el salario mínimo ha aumentado mucho más que en Colombia sin que se afecte la generación de empleo por esa razón.

Será hermoso el día que dejemos de escuchar el mismo villancico en falsete por parte de los banqueros y sus economistas del apocalipsis anual, y más bien se atrevan a pensar en todos y cual es el verdadero lío para que en este país tan desigual el desempleo no merme pero los precios suban sin falta.

 

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