En el Mundial de fútbol lo vimos, lo acabamos de ver hace poco, durante el paro de transportadores, lo vemos en marchas de descontento, en los foros de lectores de los medios masivos, cada vez peor en las campañas electorales, en la calle a diario: pasamos del júbilo a la barbarie como esencia mental en un abrir y cerrar de ojos.
Hay que ver la agresividad y belicosidad de una campaña política, supuestamente de ideas, o la fiesta por una victoria deportiva, para entender por qué, aún después de tanto tiempo y tinta sobre el tema, las emociones -de toda naturaleza- nos llevan a la violencia. Desde accidentes ridículos hasta riñas que dejan muerte. Poco sentido común y mucha impulsividad.
Parece que confundimos el tamaño de la alegría y la fiesta con el desorden extremo y el escándalo que dejen éstas, y así, muchas veces, medimos la capacidad de Sigue leyendo