¡Bogotá apesta!

Todos los días, muchas, demasiadas veces al día, se escucha esta queja. La dicen, la decimos, la repite todo el mundo en esta ciudad que abre los brazos sin cansancio a todo el que de buena o mala gana viena a ella. Luego del «Bogotá esta inmamable, invivible, impasable…» el dedo acusador lingual se dirige hacia el Alcalde, hacia el mesías de turno que debería salvar la jornada, el día, la vía, el paso de cada uno de los que habitan, comen, ganan, defecan, duermen y amanecen en la Capital de este país de quejumbrosos, pero malos lectores y votantes.

«Es que el hueco, es que el pico y placa, es que el bus, el Sitp, el Transmi… todo es una porquería. ¡¡¡Bogotá apesta!!!». En coro, todos, el mismo verso en medio del trancón, todos los días a las horas pico, que ahora son de dos tandas de 5 horas. Repetimos el coro catártico en nuestra rutina diaria de ir y venir a las mismas horas, a hacer cosas diferentes en lo posible de la misma forma.

Ahora, una pregunta de rutina. ¿Cómo sería un gran edificio donde se construyeran tantos ascensores como fuera necesario para evitar que haya «trancón» en las horas pico y así la gente fuera más eficiente en sus desplazamientos y trabajara más tiempo? ¿20, 50, 100 ascensores? ¿Cuánto costaría en cuota de administración su mantenimiento? Sería imposible. No cabrían las oficinas en ese edificio, además sería impagable su costo. Entonces la solución no está en más ascensores, o más vías en el caso de la ciudad. No está en que todos podamos tener nuestro ascensor privado, o que nuestro carro vaya sin restricción.

La solución está en principio, nada es absoluto con la especie humana, en un GRAN ACUERDO SOCIAL. Uno de todos en esta ciudad, clase media y alta, empresarios, ejecutivos y empleados, centros educativos, estudiantes y padres de familia… Un Acuerdo Social que matice las «horas pico» de acuerdo a los tipos de empresas industriales, comerciales y servicios, pues ya no es necesario que todos trabajen presencialmente y/o a la misma hora de inicio y final como antes, en las líneas fabriles de hace 90 años.

Un Acuerdo Social sobre las ciclorutas como bien prioritario y que se estimule el uso de bici con espacios de parqueo y aseo, en las empresas, a quienes las usan. Descentralización de las Universidades públicas y algunas privadas populares, para evitar largos desplazamientos por la ciudad a la masa estudiantil, estimulo fiscal para esto. Sí, aumentar el costo de impuestos a automóviles, pues solo movilizan a menos del 10% de la población diaria en la ciudad, y estímulo a quienes llevan más de 3 personas. Y como extensión y soporte de este Acuerdo, por parte de toda la ciudadanía, votar bien, por candidatos que hagan propuestas concretas novedosas, retadoras, exigentes, no facilistas y milagrosas, de esas que son pajaritos en el aire.

Hay que votar por concejales que nos cuestionen nuestra conducta social y que propongan cambios colectivos y no magia politiquera. Votar por concejales que no pertenezcan a los partidos que durante los últimos 8 años han cohonestado con los carteles de corrupción, y han bloqueado en promedio un año en cada periodo las propuestas de los Alcaldes de partidos contrarios, haciendo que se retrasen las obras, ayudando a sus patronos económicos (muchos de ellos dueños de las grandes marcas de medios de comunicación) a ganar tiempo y plata con el desorden en que vivimos y en perpetuar el sistema que les conviene, concejales que además de retrasar reformas y cambios, no han realizado una fiscalización efectiva que evitara el robo descarado de nuestros impuestos, sí, por lo cual ya hay condenados, pero es que sus amigos, aún libres, siguen torpedeando el progreso de Bogotá. Como con el POT, que le duele más a los constructores y sus amigos que a la ciudad misma, que sí, se verá impactada, sobre todo en un cambio de costumbres y ruta de crecimiento. Un cambio en la forma en que se desarrolla y que toca la forma en que se han enriquecido muchos hasta ahora.

Ahí está la clave: ese problema tan grande que es esta Bogotá, ciudad dinámica, rica, con tanto potencial y por ende llena de retos, obstáculos, conflictos, no lo soluciona un Alcalde, no, este se soluciona solo con el concurso de todos, con nuestro cambio de hábitos, egoísmos, intereses individuales creados, y con la decisión de cambiar la costumbre de esperar que todo esté bien sin sacrificar algo a cambio, por ejemplo, para empezar, el arribismo motorizado y el confort de la rutina como siempre nos ha tocado.

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