Paro de transporte urbano y caos: la culpa es de la vaca, de Petro, del clima…

En este instante bloqueos en varias estaciones de todas las troncales de Transmilenio. Paro de transporte tradicional como detonante. Sistema Integrado en maduración, a prueba, bajo presión. Miles de habitantes de Bogotá en espera de poder transportarse a sus hogares, incluso por horas. Alimento para los quejones, los titulares efectistas en los medios masivos y sus intereses, y para los que aman victimizarse porque están en medio del caos que claramente no es su culpa y que aparentemente saben solucionar pero los demás no.

Al final, creo, un escenario que muestra nuestro fracaso como sociedad frente a responsabilizarse por sus problemas con pensamiento, como mente, colectivo.

Nos hemos quejado años tras año durante décadas por el despótico manejo del transporte público por unas mafias privadas que casi durante un siglo crecieron a punta de mal servicio, desorden, abuso, inseguridad, estafa y presión política, entre otras malas mañas y aspectos de una cultura que hoy se resiste a ser cambiada. Queja tras queja nos rasgamos las vestiduras porque no había quién les hiciera frente.

Hoy cuando algo se intenta, queremos que todo cambie sin traumatismos, sin moretones, sin sacrificios. Queremos el paraíso sin esfuerzo, sin trabajo. Queremos que todo sea mejor pero no participamos. Nos comimos el cuento de que la democracia participativa es una tutela interpuesta para exigir derechos. ¿Y los deberes? ¿Y la participación activa a partir de la ejecutoria civil y ciudadana?

Desde el jueves pasado se sabía que desde antier, desde el lunes, iba a empezar un paro de transporte urbano tradicional. Esperamos a que la Alcaldía, que los seres humanos que gobiernan, lo enfrenten, lo solucionen, nos arreglen la vida. Plan de contingencia, más buses del SITP, más frecuencias del Transmilenio, y a esperar que nada nos toque, que nada nos salpique. La movilidad, la lucha por acabar con las mafias, cambiar la cultura negativa del transporte urbano, eso, esa tarea, ese milagro, es de otros, de los que son blanco de nuestra mediocridad como ciudadanos, de los que siempre tienen la culpa, de los que me salvan de señalarme con el dedo.

Sabíamos que no iba a ser fácil la ciudad con paro de transporte, no era el primero, no será el último tampoco, pero no hicimos nada como sociedad. No participamos. No ejercimos nuestro derecho, no aprovechamos la libertad, para unirnos y darle respuesta colectiva: cambio temporal de entrada y salida en las empresas, flexibilización de turnos, trabajo en línea, media jornada con acuerdo de reposición, carro compartido, entrega de trabajo académico en línea, acuerdo interno para media jornada escolar temporal… nada, tantas posibilidades y nada.

Como borregos, como bueyes, en la rutina diaria. la queja constante, el caos auto-infligido, una y otra vez, advertidos, montamos el drama, esta noche cuasi tragedia, de la hora pico y sus demonios, sus traumas y sus marcas en nuestro imaginario eterno de que todo está mal y alguien, otro, tiene la culpa, otro tiene que arreglarlo, otro debe hacer algo, pero sin que yo, nosotros, nos demos cuenta, sin que lo sintamos, sin que la movida del piso y el cambio de cielo nos joda.

Que lejos estamos de ser una buena sociedad si no somos capaces de hacerla entre todos, asumiendo el deber que nos corresponde por ser parte de ella. Feliz caos, larga noche.

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