El humano nace básico (instintivo y primario) no malo, pero tampoco bueno (el mito del buen salvaje) como lo creía Rosseau, y bien lo rebate el psicólogo Pinker en la actualidad; luego, la sociedad es su producto, como la vemos y la cualificamos ¿un asco?. Entonces, la educación es su constructo para salir de ahí, de ese limbo; se espera que al mejorar por nuestra educación, a partir de las mejores ideas y correcto pensamiento, corregimos, mejoramos, y con nosotros la sociedad.
En ese sentido, la de las viviendas de interés prioritario (VIP) en barrios de «ricos», por ahora, es una propuesta de re-ingeniería social, en la que el primer obstáculo a vencer es cómo se pueden derribar barreras, guetos, mentales; luego con un pensamiento complejo, digno de una alta educación, cómo se solucionan los problemas técnicos, de entorno y de adaptación. Ese es el proceso social que se espera de una propuesta que busca una respuesta colectiva ante la segregación.
Lo triste, y cuestionable, es que las pruebas más fáciles, teóricamente, son las que solo implican la voluntad de pensamiento, y ya ahí, los más educados, los privilegiados, mostraron incapacidad de transformación, mentalmente para empezar, y ejecución del cambio, el cambio que dicen querer.
Pero no, no somos los colombianos -los habitantes de Bogotá- los más malos por una respuesta social «clasista» frente a una propuesta de estas, somos a lo sumo comunes, facilistas. Sí, como nos lo deja ver el estudio «La segregación, los guetos y la integración social urbana: mitos y claves«, de Francisco Sabatini e Isabel Brain, este tipo de propuestas, y en algunos casos, ya realidades, deben enfrentar una reacción de clase, ideológica y defensiva con argumentos falaces que ellos describen como mitos de izquierda y derecha, de pobres y ricos.
No sé si la fórmula completa de la integración social ya está resuelta como preámbulo para la ejecución de la propuesta de la administración Petro sobre las VIP, o si la ejecución de este plan es la respuesta a la segregación social que caracteriza nuestro ordenamiento social básico y primitivo. No sé si construir viviendas para que habiten desplazados por la violencia entre pudientes y privilegiados nos acerque a un ideal de convivencia.
Lo que si es seguro es que la idea de las viviendas VIP nos propone un reto, un ejercicio, mental sobre qué puede hacerse para que sea posible, positivo y ejemplar. Un ejercicio que la mayoría descartó de plano como masa perezosa en pro de sus sueños y demandas colectivas, pero ávida de milagros.
Pueden, en los sectores de privilegio social, vivir los corruptos y los narcos, los parapolíticos y sus esquemas de seguridad, pero no sus víctimas. ¿Razones? muchas, en realidad, mitos. ¿Soluciones?…
Para terminar, es estigmatizante y técnicamente incorrecto, abusivo argumentalmente, sin razones más allá del prejuicio, suponer que un desplazado por la violencia es un criminal en potencia, que genera inseguridad donde llega, y que la presencia de personas de escasos recursos en la actualidad (¿antes, en sus parcelas, lo eran?) deviene en detrimento patrimonial de su entorno. Puede ser una posición comercial, pero no por ello aceptable. Es socialmente degradante y llena de ignorancia.
Como cuando se decía que los negros por su color de piel y origen se podían suponer bárbaros e inferiores, que ante todo eran menores moralmente, y por ello debían estar segregados. Y que su integración sería costosa, inconveniente y desestabilizadora para la sociedad y economía racistas.
De ese tamaño es el absurdo gueto mental, social y cultural, que algunos quieren creerse como cierto otra vez.
Alejo que buen artículo. Creo que la discusión debe darse. En lo personal creo que no hay nada mejor que la vida de un barrio de clase popular; vecinos que se conocen y se ayudan entre todos, la tienda donde se consigue desde un caldo de gallina hasta una Pilsen bien fría, la panadería con almojábanas recién salidas del horno y la droguería de confianza.
Por el contrario, en los “mejores” barrios de clase alta, nadie conoce a nadie y hasta para conseguir el cubo de caldo de gallina se debe ir en carro. Y ni modo de pedirle una tacita de azúcar al vecino “que tiene pura pinta de traqueto”. Así las cosas, la mezcla social de estratos, tal vez sea lo mejor que le puede pasar a los aburridos barrios de clase alta.
Sin embargo, no es un misterio que estadísticamente la mayoría de las personas que ejercen la violencia, están asociados a condiciones de pobreza e incluso han crecido en ambientes violentos, y nadie quiere que el jalador de carros de profesión, lo vea desde la ventana, salir todas las mañanas en su BMW, o que el vecino ladrón de celulares, lo vea paseando al perro mientras actualiza facebook desde su iPhone.
La construcción de VIP en barrios estrato 6, tiene que estar unido a políticas y controles sociales que permitan integración y retiren la apática línea que separa a ricos y pobres.
Carlos, muchas gracias por tus comentarios. De acuerdo contigo tanto en lo que significa la buena vida en barrio de vecinos y en la prevención respecto a las probabilidades de que personajes indeseables lleguen al sector «bien». Creo que la discusión sana y productiva es esa, la de buscar soluciones para las circunstancias problemáticas que son posibles, pero en positivo, sin radicalización ni portazos a la transformación urbana como salida a la exclusión.