La situación compleja que vivimos, la cual los medios masivos de marca y sus empleados bien adoctrinados no quieren o no pueden abordar, tiene aristas muy claras y que tienen que ver, dependen y son orquestadas por quienes gobiernan hoy, cada vez con mayor poder e impunidad:
La alianza entre la oligarquía tradicional y los nuevos ricos del narcotráfico, la #narcoligarquía, han unido poder político y económico para blindar sus intereses particulares, cooptando el Estado a su favor, concentrando su acción en pro de sus negocios, manteniendo la desigualdad y exclusión regional y social, y limitando la evolución de la Constitución del 1991 y su Estado Social de Derecho, a partir de la corrupción de los órganos estatales, el Congreso y las entidades de control. Hay un Totalitarismo Institucional que bloquea las libertades, derechos y mecanismos de participación en la realidad, y deja las Leyes y la Autoridad democrática en el papel.
Un Estado grande y un Congreso más pequeño es un excelente negocio para la #narcoligarquía pues por un lado puede contar con más puestos burocráticos para pagar favores y componendas políticas a cargo del presupuesto de la Nación, mientras que con menos curules y representación en el Legislativo puede cooptar más fácil el ente de control político del Gobierno que lidera, excluir a la oposición del debate político, garantizar leyes a su medida sin grandes obstáculos, y ganar poder sin medida ni control. Un Congreso con menos curules es más barato de armar en elecciones a través de la compra de votos. Es una ganga para estos corruptos.
Para los gamonales políticos en las regiones de Colombia, los de las familias tradicionales y reconocidas, el dinero de los narcos es clave para comprar elecciones y aceitar sus maquinarias electoreras y clientelistas que les hacen ganar elecciones. Para los narcos, la política de los gamonales les permite ubicar a personas de sus clanes familiares y de negocios en puestos de poder local y regional, lavar sus fortunas y adquirir legitimidad social y legal. Los políticos corruptos de las familias tradicionales usan su poder, los narcos ponen su dinero, ambos grupos ganan posiciones democráticas y lavan su alianza corrupta a costa del resto del país trabajador y honesto. Esa es la #narcoligarquía.
La guerra inútil contra el narcotráfico, alentada por la prohibición que los partidos políticos tradicionales enarbolan como acto moral, permite la fragmentación regional, el encubrimiento de la violencia política y así el control ilegal territorial, ingredientes perfectos para facilitar la imposición de poder de la #narcoligarquía y el debilitamiento de su oposición política, incluso asesinando a líderes sociales que articulan a las comunidades hacia la autogobernanza, muy inconveniente para los narcos que requieren comunidades asustadas, abandonadas en regiones aisladas, sometidas a su ley violenta, sin presencia real del Estado.
La guerra y la prohibición en Colombia garantizan precios altos para la coca de productores locales en los mercados internacionales, lo que significa más dinero para todos, para los políticos, y sus maquinarias, que legislan para sostenerla, y los narcos que pagan porque sea cruenta y sostenible.
Detrás, una red de corrupción amplia, nacional, que se paga con el presupuesto del Estado y sus Fuerzas Armadas para contratos inflados en material y pertrechos, y para omitir una estrategia militar eficaz contra los violentos en las regiones de cultivo y tránsito de narcóticos.
Una guerra sin intensidad ni decisión, una guerra de acciones fragmentadas y sin fin con un marco legal que la legitima, es el escenario de fortalecimiento y perpetuación de la #narcoligarquía en el poder político del país.
Un Estado que usa más recursos en dar limosna a través de subsidios familiares que en grandes presupuestos para Educación Secundaria y Superior gratuita o subsidiada con calidad y gran cobertura geográfica, garantiza que millones de personas, cerca de 10 millones en todo el país, dependan de esas limosnas, posicionando a los políticos y gamonales que representan al Estado en vivo y en directo en sus regiones, como sus benefactores y fuente de ingresos.
Tal imaginario garantiza a la #narcoligarquía que cuente con una base electoral amarrada y dependiente pagada con los impuestos de los trabajadores de clase media y las pymes que más empleos formales generan en Colombia. Masa ignorante y dependiente del asistencialismo paupérrimo y creciente que espera la prima extra en tiempos de elecciones, pagada con dinero corrupto del narcotráfico.
Así, el presupuesto de la Nación es usado por el Estado cooptado por la #narcoligarquía, en aumentar y mantener su base electoral a partir de un grueso de ciudadanos sin criterio ni formación indispensable para el desarrollo de una sana democracia, que reciben subsidios insuficientes para vivir con dignidad, mientras ese Estado ahoga a la clase media y empresarial honesta y trabajadora con más y más impuestos, y a unos y otros niega la posibilidad de Educación, Salud y Bienestar con calidad y alcance suficiente. La pobreza sustentable es la mejor arma electoral, política y social para perpetuarse en el poder para esta alianza infame que gobierna desde hace por lo menos 30 años y nos lleva al abismo.
La desigualdad social y un abismo monetario entre las distintas clases sociales creadas en el país le ha servido a la alianza entre narcos y politiqueros para nutrir cada uno de sus negocios.
En un extremo, muchos pobres cultivando coca y millones de pobres votando con hambre, que ven con resentimiento la aparente indiferencia de la gente en las ciudades, pero que se desplaza hacia estas para intentar cambiar su realidad o salvar su vida.
Del otro lado, una clase media pequeña y temerosa de perder lo que ha conseguido con ardua lucha, consciente del desastre del Estado y los gobiernos que lo administran, pero muy ocupada trabajando y produciendo para sostener sus logros, pagar impuestos y sobrevivir con dignidad.
En otro extremo, una clase alta mínima, muy pequeña, frágil, trabajadora, honesta y nerviosa, arribista y goda, poco empática con la realidad de las masas, interesada en consolidar su posición a partir de la garantía de sus derechos por la #narcoligarquía, en la que no confía pero respalda por temor al comunismo que teme como a una sombra, y que llegue, la expropie y empobrezca.
Y la narcoligarquía, una clase de un par de decenas de familias, con cinco megamillonarios, junto a clanes familiares de apellidos con tradición, poder político y social, y un capital importante en las regiones, arribista y pobre ética que se ha amalgamado con narcos y contrabandistas, ya sea como víctimas de las guerrillas o por ambición, pero con el fin de conservar su posición y garantizar el tipo de realidad que los ha enriquecido y dado poder.
Esta clase sabe que le es útil y le ayuda en sus planes de perpetuación, mantener a la mayoría de los ciudadanos divididos, con mínimas posibilidades de movilidad social, tensos en su cotidianidad que se condensa en trabajar para sobrevivir, para lo cual usa a los grandes medios masivos de comunicación que son de su propiedad para imponer una lectura superflua de la realidad nacional, estigmatizar a quienes se rebelan contra el orden que han impuesto, y les permite transmitir un discurso de pacificación mental ante el abuso y la opresión estatal injustificada, así como generar división a partir del miedo y la mentira, basados en una lucha de clases que callan pero que instan con sus Gobiernos y modelo de desarrollo nacional, en el que los hacen culpables a sus contradictores, a los opositores de la #narcoligarquía y sus intereses y políticas.
Dividir, inyectar miedo sobre quien piensa diferente, mentir sobre los hechos evidentes de sus gobiernos, ocultar información sensible sobre sus negocios ilícitos, inventar enemigos que rompan un equilibrio inexistente en Colombia, es su estrategia para que entre colombianos se vean como enemigos.
