Del exceso nada queda… del amor a la democracia.

El exceso de cualquier cosa es malo, dañino, perjudicial, insano, inmoral y destructivo, así sucede con lo que sea, incluso en el amor (demasiado puede inutilizar), pero veamos ejemplos de esta semana:

De democracia: Ahora los partidos políticos tradicionales quieren meterle democracia hasta a las alcaldías locales y aprobaron en trámite de primera vuelta, un proyecto de ley para que estos sean elegidos en comicios; ¿se imaginan el nido de corrupción en esas elecciones, y los pequeños dictadores que pueden aparecer, además de las obras fantasma y las inútiles para que los nuevos faraones puedan inaugurar?

De sindicalismo: Asonal Judicial viene de a paro por año desde hace tiempo, y paralizando la ya deteriorada acción de la Justicia colombiana. esta bien organizarse y buscar mejores condiciones laborales y económicas, y mejor si ellas repercuten en la eficiencia de sus trabajos, pero ya se pasan bloqueando a quienes quieran trabajar y atentando con los derechos humanos de detenidos por delitos menores. Y además, con el INPEC también de paro. Bomba de tiempo. Sigue leyendo

Paro de transporte urbano y caos: la culpa es de la vaca, de Petro, del clima…

En este instante bloqueos en varias estaciones de todas las troncales de Transmilenio. Paro de transporte tradicional como detonante. Sistema Integrado en maduración, a prueba, bajo presión. Miles de habitantes de Bogotá en espera de poder transportarse a sus hogares, incluso por horas. Alimento para los quejones, los titulares efectistas en los medios masivos y sus intereses, y para los que aman victimizarse porque están en medio del caos que claramente no es su culpa y que aparentemente saben solucionar pero los demás no.

Al final, creo, un escenario que muestra nuestro fracaso como sociedad frente a responsabilizarse por sus problemas con pensamiento, como mente, colectivo.

Nos hemos quejado años tras año durante décadas por el despótico manejo del transporte público por unas mafias privadas que casi durante un siglo crecieron a punta de mal servicio, desorden, abuso, inseguridad, estafa y presión política, entre otras malas mañas y aspectos de una cultura que hoy se resiste a ser cambiada. Queja tras queja nos rasgamos las vestiduras porque no había quién les hiciera frente. Sigue leyendo

¡Bogotá apesta!

Todos los días, muchas, demasiadas veces al día, se escucha esta queja. La dicen, la decimos, la repite todo el mundo en esta ciudad que abre los brazos sin cansancio a todo el que de buena o mala gana viena a ella. Luego del «Bogotá esta inmamable, invivible, impasable…» el dedo acusador lingual se dirige hacia el Alcalde, hacia el mesías de turno que debería salvar la jornada, el día, la vía, el paso de cada uno de los que habitan, comen, ganan, defecan, duermen y amanecen en la Capital de este país de quejumbrosos, pero malos lectores y votantes.

«Es que el hueco, es que el pico y placa, es que el bus, el Sitp, el Transmi… todo es una porquería. ¡¡¡Bogotá apesta!!!». En coro, todos, el mismo verso en medio del trancón, todos los días a las horas pico, que ahora son de dos tandas de 5 horas. Repetimos el coro catártico en nuestra rutina diaria de ir y venir a las mismas horas, a hacer cosas diferentes en lo posible de la misma forma.

Ahora, una pregunta de rutina. ¿Cómo sería un gran edificio donde se construyeran tantos ascensores como fuera necesario para evitar que haya «trancón» en las horas pico y así la gente fuera más eficiente en sus desplazamientos y trabajara más tiempo? ¿20, 50, 100 ascensores? ¿Cuánto costaría en cuota de administración su mantenimiento? Sería imposible. No cabrían las oficinas en ese edificio, además sería impagable su costo. Entonces la solución no está en más ascensores, o más vías en el caso de la ciudad. No está en que todos podamos tener nuestro ascensor privado, o que nuestro carro vaya sin restricción. Sigue leyendo

¿Ah? Serpa la renovación de los liberales y Gerlein la cabeza ‘excremental’ de los godos: apague y vámonos.

De verdad que se tienen confianza los politiqueros de este país, (no digo los políticos porque los hay buenos, como los médicos, los policías, los periodistas…) digo los politiqueros, los que han echado raíces como la «aristocracia» criolla, atornillados a sus puestos en el poder, a sus curules-trono, desde donde manipulan puestos de carrera pública, cupos universitarios, gerencias en entidades públicas, asignaciones presupuestales locales…etc.
Politiqueros y politiqueras, porque mujeres también hay, no nos creamos el eslogan parroquial y sexista, que ahora es bandera, de que las mujeres lo hacen mejor… como si ‘Karina’, la ‘Gata’, ‘Yidis’, Zulema Jattin, Dilian Francisca (por citar algunas féminas) fueran asexuadas o espejismo de la especie…no, no, aquí no hay género, región, raza, credo, ideología, color de trapo ni origen social definido, solo una localización ética y espiritual para poder ubicar a los politiqueros: como hampones con respaldo popular.

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