La reflexión sobre el futuro de la inteligencia artificial adquiere nuevas dimensiones cuando retomamos las voces de dos gigantes del pensamiento: Karl Marx y Adam Smith. Aunque ambos vivieron en épocas muy distintas y se enfocaron en problemas de su tiempo, sus ideas ofrecen claves insospechadas para orientar el desarrollo tecnológico actual hacia un progreso genuino.
Cuando se leen a Smith y a Marx con una mirada comparativa y crítica, en lugar de verlos como opuestos absolutos, se encuentran puntos de convergencia, especialmente si se considera el contexto actual.
En el contexto colombiano, la discusión sobre la reforma laboral se ha convertido en uno de los temas más polarizadores de la agenda política actual. Mientras el Gobierno de Gustavo Petro impulsa un ambicioso paquete de cambios –que incluye ajustes en la remuneración por horas extra, el recargo en días festivos y dominicales, y mejoras en los derechos laborales de aprendices y trabajadores de plataformas digitales–, sectores empresariales y parte del legislativo se han pronunciado en su contra. Sin embargo, sus argumentos a la luz de los datos globales y de la praxis en diferentes países, parece más un miedo autoinducido, un coco mítico, que una suma de razones creíble y de peso.
Los datos son contundentes. La comunista China es el país que ha sacado a la mayor cantidad de personas de la pobreza en los últimos 100 años. A partir de finales del siglo XX, China implementó importantes reformas económicas que llevaron a una rápida industrialización, urbanización y mejores niveles de vida para una gran parte de su población. Las políticas de «reforma y apertura» iniciadas por Deng Xiaoping a fines de la década de 1970 jugaron un papel crucial en esta transformación.
John D. Rockefeller, el famoso industrial y filántropo estadounidense, hizo importantes donaciones a varias universidades y sus facultades de medicina a finales del siglo XIX y principios del XX. Algunas de las universidades que se beneficiaron de su filantropía incluyen la Universidad de Chicago, la Universidad de Harvard, la Universidad de Yale y la Universidad de California, entre otras.
En este «bocado» de un ensayo más extenso del autor, encontramos razones del porqué la política y visión actual del gobierno de Gustavo Petro en Colombia es bien vista por muchos académicos y expertos en economía, política y democracia alrededor del Mundo.
Y no, no es una panacea ni el paradigma de un mesías, es el conjunto de análisis en diferentes áreas del conocimiento, comprensión del momento histórico y social, ponderación ideológica y una posición consciente e innovadora que busca un cambio basado en la probabilidad prospectiva de las decisiones y acciones políticas como catalizadoras de un rumbo que coherente con lo que en el país, y en otros países, está sucediendo luego de que se pensará que con la caída de la Unión Soviética el hiper liberalismo económico sería La Respuesta a las preguntas del desarrollo y progreso humano. Sigue leyendo →
Como con el Cambio Climático hace 10 años, el dólar hace 1 mes, y ahora la comida chatarra que no es alimento… Hay que leer porque la información está ahí, a un clic. No es un invento progresista de izquierda, no es el efecto de una ideología, ni es una doctrina comunista para apoderarse de las almas de los indefensos ciudadanos de bien… Leamos.
Foto: Colombia por encima de todos los niveles máximos de nutrientes críticos que producen enfermedades no transmisibles.
LOS DATOS HABLAN MEJOR. NO HAY MEMES NI TITULARES QUE CUENTEN TODA LA HISTORIA.
Analizar y calificar hoy a Petro por su pasado guerrillero que terminó hace 32 años, y por la mala prensa como Alcalde de Bogotá hace 8 años, es corto de vista y de criterio. Los datos hablan.
Es viernes 17 de mayo, a dos días de una jornada de votaciones históricas para Colombia en 2022. Vamos a elegir un nuevo Presidente para el país, pero esta es la primera vez que tenemos la posibilidad de que el progresismo y la izquierda tengan ese privilegio. Es la segunda vuelta y se baten dos candidatos, uno, Rodolfo Hernández, ingeniero civil, exitoso especulador de tierras y constructor de soluciones de vivienda popular, ex Alcalde de Bucaramanga, con resultados negativos en indicadores sociales y estructurales clave para ese ciudad.
El otro candidato es Gustavo Petro, economista, experimentado congresista cuya labor ha hecho despertar al país sobre las mafias narcotraficantes y paramilitares que han secuestrado al poder, su tarea como legislador se ha concentrado en desarticular a la parapolítica y a la corrupción en todos los estamentos sociales, lo que le ha ganado la antipatía y el odio de gamonales regionales, empresarios torcidos, poderosos burócratas y multimillonarios sin escrúpulos. Pero es su paso por la Alcaldía de Bogotá entre 2012 a 2015 lo que aquí analizo, con los mismos indicadores que lo hice sobre Hernández en este artículo sobre su gestión.
Rodolfo Hernández no es un buen administrador público. Los indicadores no mienten.
Como la cosa es con datos y argumentos sustentados. Rodolfo Hernández (RH) es un tipo que no sabe administrar lo público, que es muy distinto que administrar un negocio privado. En lo público, el retorno social de los recursos invertidos por la administración es lo más importante, en lo privado la utilidad monetaria a partir del retorno de la inversión es lo primordial. Veamos.
La calificación crediticia de Colombia fue reducida por S&P Global Ratings, quitando la nota de grado de inversión que tuvo por una década. Lo que demuestra que la Pandemia solo sirvió para envilecer a los ya bárbaros capitalistas salvajes del Mundo, donde una decena de marcas se enriqueció en grado nunca visto mientras cientos de millones de seres humanos se empobrecieron o perdieron sus negocios.
Y en este contexto, las calificadoras de riesgo, principalmente S&P como lo veremos más adelante, las mismas que no sirvieron para nada en 2008 en EE.UU. mientras los Fondos de Inversión y los grandes bancos generaban una burbuja fiduciaria y financiera que llevó a ese país a tener 20 millones de pobres más en menos de 5 años, hoy salen a castigar y hundir economías débiles con indicadores trillados y ordinarios en medio de una pandemia, en medio de un tiempo de incertidumbre global extraordinaria y nunca vista.